Esto no era algo que pasase por casualidad, de eso estaba totalmente segura. La situación se había tornado bastante incómoda, incluso para el equipo que trabajaría con nosotros.
Este equipo constaba de 3 personas, Seon Yoo, una chica muy agradable y divertida, que se mostró raramente amable. No era costumbre para los coreanos el ser amables con un extranjero, sobre todo si eres mujer.
Por lo que Anne me había explicado, eran personas un tanto especiales, de estas que solo te prestan atención si te necesitan para algo que les beneficie.
En fin, era algo que ya sabía de antemano, así que no me pillaba de sorpresa. El segundo era Myung Do. Parecía agradable, pero extremadamente estresado con los números y los plazos.
Después me presentaron a otra chica, esta, con un aspecto muy soberbio y arrogante. Hyo Na, me dijo que se llamaba con un ademán de autosuficiencia tan devastador como la bomba atómica. Muy reservada, pero con una lengua muy afilada, durante la hora que estuvimos recorriendo el edificio y comentando todo lo que nuestro trabajo supondría puso firmes a Myung Do y a Seon Yoo, dejándoles más de una vez sin nada que poder responder, salvo una frase que se repetía en mi cabeza una otra vez en mi cabeza, pero que no podía decirse en voz alta.
«Zorra estirada».
Pero quien de verdad me preocupaba era Tae sung. No era ni la sombra de aquél chico del parque.
Era una situación de lo más surrealista, y no me olía nada bien.
Tras ver los despachos, la sala de juntas y presentarme a varios empleados de la firma, me despedí cordialmente de los otros compañeros y salí lo más ráudamente posible de allí.
Al salir del edificio, me faltaba el aire, no me había gustado la atmósfera del lugar, era muy agobiante. No por el trabajo, si no por la hipocresía que se respiraba por cada hueco del edificio.
Y aún más, sabiendo que tenía que trabajar con él.
Diciéndome a mi misma que debía olvidar cuanto había ocurrido en el día de hoy, decidí caminar hasta que me dolieran los pies.
El día había empezado a torcerse antes de lo normal. El cielo iba oscureciendo rápidamente, como si me leyera el pensamiento. Mientras miraba al frente dando un paso y otro, y otro. Las nubes empezaban a emitir un ruido ensordecedor.
De repente, cuando la primera gota que anunciaba el diluvio me golpeaba en la palma de la mano, una visión electrizante pasó fugazmente por delante de mi.
-¿Pero qué?, dije en voz baja mientras observaba atónita la escena que se desarrollaba delante de mí.
Alguien que se parecía muchísimo a mi, llevaba una larga capa negra que llegaba al suelo. Su pelo largo y mojado se le pegaba al rostro, mientras miraba con temor a la persona que tenía frente a ella.
Apenas podía oírlos, pero me pareció leer en los labios de ella «ayúdame».
La lluvia cada vez era más fuerte, pero yo seguía anonadada en medio de la calle observando a esos seres que parecía que nadie más podía ver.
La gente seguía caminando al lado de la escena, nadie más era consciente de ella.
¿Qué está pasando?, -pensé.
Él hombre de la escena, apartaba cariñosamente el pelo del rostro de la chica, dejando ver un corte en su rostro, el cual parecía tierno, hecho hace pocos minutos. Hablaba con ella, pero no podía oír nada.
De pronto, ambos giraron bruscamente la cabeza en mi dirección, clavando sus miradas llenas de furia sobre mi. O por lo menos, eso parecía.
El ambiente se volvió muy cargado, sentía miedo, confusión, no sabía si lo estaba soñando.
Algo me oprimía el pecho, haciendo que mi corazón latiese a una velocidad desmesurada.
La pareja que me miraba tan fijamente, se cogió de la mano y echaron a correr en dirección contraria, como si alguien les persiguiese.
Sus figuras se difuminaban entre la lluvia y la tenue niebla que se había formado.
No podía salir de mi asombro. Cuando más o menos pude reaccionar a lo que había visto, la niebla iba desapareciendo, dando paso al mundo real. La gente seguía caminando de forma normal, mientras que algunos se quedaban mirándome extrañados.
Estaba calada hasta los huesos, tratando de asimilar lo que había ocurrido.
-Parece que te gustan este tipo de situaciones,-dijo una voz detrás de mi. Me giré lentamente temiendo que iba a encontrarme.
Con una media sonrisa, me observaba detenidamente, pero su gesto se tornó serio al ver la palidez de mi rostro.
-¿Estás bien?
-Emm… yo… no sé.
Con un paso torpe, empecé a caminar sin rumbo aparentemente. Parecía como si un rayo me hubiera alcanzado, estaba totalmente desorientada. Al pasar por su lado, me puso una mano sobre el hombro y volví a sentir una descarga.
Todo empezó a volverse oscuro…
~_~_~
Había vuelto a ese lúgubre bosque, perdida entre la sombra. De fondo se oían unos tambores augurando una noche de caza.
La luz de la luna me abría un sendero para poder escapar de aquellos tambores que al parecer tenían sed de sangre.
Corriendo a toda velocidad, un golpe seco dejó a la joven tendida en el suelo, conmigo a su lado viendo la escena.
Su agresor tenía un aspecto atroz. unos dientes que harían temblar al más fiero de los monstruos.
Él no podía verme, pero yo estaba a unos pocos centímetros de él y de la chica.
-¡AQUÍ!, ¡LA HE ATRAPADO!, -dijo triunfante, mientras yo me ponían en cuclillas para ver quien era la agredida.
~_~_~
Un grito ensordecedor se abría paso por mi garganta mientras las gotas de sudor resbalaban por mi frente.
Respiraba agitadamente mientras con fuerza agarraba las sábanas de la cama.
Al instante, alguien entraba a la estancia.
-¿Qué ocurre?, ¿estás bien?, dijo palpándome la frente, por si tenía fiebre.
pestañeando varias veces, y mirando de un lado a otro, intenté ubicarme y saber donde estaba.
-Ahg…, mascullé llevándome la mano a la sien.
Él se sentó en el borde de la cama, mirándome extrañado. -Estabas...en la calle, parada en medio de toda la gente mientras diluviaba. Me acerqué para comprobar si eras tú, pero cuando te vi, estabas totalmente desfigurada por algo que habías visto, pero frente a tí no había nada.
-¿En serio?, .me hice la tonta. -Es que empecé a encontrarme indispuesta. -dije vagamente. Era una respuesta un tanto frágil, pero me creyó.
-¿Dónde estoy?
-En mi casa, te desmayaste y te traje aquí.
-Gra...gracias.
Puedes ducharte si quieres. La asistenta te ha lavado la ropa y la tienes seca en esa silla.
De pronto el rubor se hizo patente en mis mejillas y rápidamente levanté las sábanas.
-No te he tocado, la asistenta te cambió, yo solo te ayudé a acostarte.
Asentí torpemente, pues la confusión me nublaba todo lo demás. ¿Por qué se parecía tanto a mi?, ¿Cómo he acabado en la casa de Yang Tae Sung?.
-Duerme, mañana verás las cosas de otra manera.
¿Pero que narices ha pasado?, Sí Sohra, has perdido totalmente el juicio. Ahora ya no basta con soñar con gente rara, si no que ahora alucinas con ellos mientras estás despierta. Lo que te faltaba. ah sí, sigue hablando sola, que lo estás mejorando.
Pronto el sueño se apoderó de mí y caí en los brazos de morfeo fácilmente.
A la mañana siguiente, me levanté y me tomé la libertad de ducharme. Estaba clarísimo que necesitaría ayuda profesional después un día tan raro como el de ayer. Salí despacio de la habitación y buscaba cómo salir de allí. Nunca me había sentido tan avergonzada. No solo había tenido un ataque de locura transitoria, sino que encima el que parecía mi peor enemigo ha sacado su lado solitario y me ha ayudado. oh no, eso era malo. Seguro que en algún momento lo utilizaría contra mi.
Al fin encontré unas escaleras, que digo yo, bajaría a la planta principal de la vivienda.
-Vaya, ya te has despertado-dijo en tono burlón.
-Sí, eh… yo, quería disculparme por ocasionarte tantos problemas. No sé como voy a poder pagarlo.
Mientras se ajustaba la corbata, se acercaba lentamente.
-Algo se me ocurrirá. -susurró frente a mi.
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