-Pasa -Dijo ella abriendo la puerta del piso y sujetando la correa de Anubis con suficiente fuerza como para que no saltara sobre los muebles poniéndolo todo perdido de barro.
El hombre miró a su alrededor como para comprobar que era la misma casa donde habían estado no demasiado antes. En realidad el perro les había destrozado el paseo y para colmo había destrozado una de sus mejores camisas, pero no importaba, era la primera cosa no planeada que había ocurrido en su vida desde hacía mucho tiempo.
-Espera aquí, llevaré a Anubis a la terraza y ya le daré un baño cuando te marches.
Anubis era un animal muy bueno la mayoría del tiempo, pero también bastante juguetón, y era en esos momentos cuando solía meter a su dueña en problemas.
-Puedo ayudarte a lavarlo si quieres.
Anne miró a Jin Hyuk... ¿Ayudarla? Ni que aquello fuera una bestia a la que ella tuviera que controlar.Además, por mucho que fuera una mujer tenía fuerza suficiente para aquello y para muchas cosas más. Sin embargo el se estaba ofreciendo y aquello no era malo, al contrario, si tenía que vivir con Anubis durante un tiempo era mucho mejor que se fueran acostumbrando el uno al otro.
-Vale, pero te vas a poner peor la camisa aún- dijo ella con preocupación.
Anne era una mujer a la que le gustaba la moda, pero desde luego no se dejaba demasiado dinero en cosas como aquellas. Más bien prefería perderse en las tiendas de segunda mano donde podía encontrar auténticas gangas de estilo vintage, o comprar cosas más sencillas en sitios baratos. Quizás por eso no había razonado que el paseo por el parque podría ser un problema para alguien que vestía como el.
-No te preocupes,me la quito y ya está.
Aquello sí que tomó desprevenida a Anne, pero tal y como pensó: “No seré yo quien se queje”. Y es que, cuando volvió de dejar al animal en la terraza, quedó claro que si el hombre ya tenía buen cuerpo vestido, lo tenía mejor aún sin ropa. El torso estaba completamente musculado, justo hasta ese punto donde, de ser un poco más, podría llegar a resultar desagradable. La piel del hombre era muy blanca, moteada por algún que otro lunar aquí y allá. La clavícula se mostraba hermosamente, y el cuello... el cuello pedía a voces ser mordido.
-Déjame la camisa, la pondré a lavar... así el barro saldrá mejor luego- pidió Anne con un hilillo de voz.
¿Que demonios estaba ocurriendo? ¿Cuando era la última vez que se había puesto así de nerviosa por ver un trozo de piel de un hombre? Como muy pronto en el instituto, y desde entonces... había habido hombres mejores y hombres peores, pero con ese cuerpo...simplemente no recordaba a ninguno. Y luego pasaba, que el hombre era tan estricto, tan... recto, que sacarle de esa rectitud era algo francamente excitante.
El hombre le cedió la camisa y ella salió de allí intentando no mirarle, sintiéndose como una niña tonta y recriminándose a sí misma precisamente aquel comportamiento.l
Y luego se descubrió con las manos en la camisa sucia del hombre, limpiándola, algo que desde luego nunca se hubiera imaginado que terminaría haciendo. Si su profesora de feminismo en la universidad la hubiera visto se hubiera llevado las manos a la cabeza. A la chica no le quedó más remedio que consolarse pensando que después de todo aquello era culpa suya o, más bien, de su perro.
Precisamente cuando salió después de dejar la prenda en agua con todo el cuidado del mundo de que no se echara a perder, era el perro quien se estaba llevando el mejor trato. Estaba fuera, con Jin Hyuk, y ambos estaban jugando con toda la tranquilidad del mundo hasta el punto de que al hombre no parecía importarle que sus pantalones se mancharan también, lo cual era bastante probable.
Pero Anne no se acercó, no durante a unos instantes. Era extraño ver reir a aquel hombre como lo estaba haciendo en ese momento...y tenía una sonrisa precisa y sincera que ella no se atrevió a romper, era mejor disfrutar de ella....de ella, y del resto del panorama. ¿Qué le habría llevado a él a ser tan serio? Quizás aquello no era más que una máscara.
Pero el animal nuevamente metió la pata (y nunca mejor dicho) ladrando cuando la vio, y entonces él la vió también y volvió a aquella pose seria de persona responsable, casi como un acto reflejo, como si ni siquiera hubiera tenido que plantearselo.
-¿Estás listo para bañar a la bestia? -preguntó ella moviendo en la mano el champú para cánidos que había aprovechado para tomar del baño al mismo tiempo que se cambiaba de ropa para ponerse una simple camiseta de tirantes en la parte superior, para no mancharse también ella.
-Si,claro que estoy listo -contestó Jin Hyuk mientras ella se aproximaba.
-¿Me ayudas a traer el barreño de agua?.
El hombre asintió, complaciente. “Al menos ayuda en vez de pedir que lo haga todo” pensó ella acostumbrada a hombres a quienes les gustaba el ordeno y mando más que ninguna otra cosa.
El ir al baño para llenar el recipiente en cuestión, que era bastante grande, no fue demasiado problema. Tenían que hacerlo así porque en la terraza, que no era muy grande, no podían utilizar una manguera si no querían que todos los transeúntes terminaran empapados. Pero cuando ella se ofreció a ayudarle, él se negó levantando aquello como si se tratara de una muñeca de trapo. Sus brazos y su espalda se tensaron y ella sintió un escalofrío. Si podía hacer aquello con un barreño de agua...¿Qué no podría hacer con una mujer?
-¿Estás bien? -Preguntó el de pronto quedándose en pie en mitad del pasillo aun con la carga que llevaba.
-¿Que? -Preguntó ella saliendo de sus propios pensamientos- Si,claro...¿Por qué lo preguntas?.
-Te has puesto roja-señaló el- y ahora pálida.
El saber que estaba mostrando sus emociones de manera tan clara fue algo que enfureció realmente a Anne; seguía portándose como una idiota.
-Bueno, esque hace calor- se defendió, mintiendo por supuesto. Como persona que había crecido en el Mediterráneo había pasado muchísimos días mucho más calurosos que aquel.
Jin Hyuk no dijo nada y salió al exterior dejando allí el barreño de agua. Ella hizo lo mismo con los útiles de limpieza en las manos y cerró la puerta dejándolos a los tres, las dos personas y el animal,”encerrados en la terraza”.
-Solo ayúdame a sujetarlo -dejó escapar ella con amabilidad.
En realidad no hacía falta, pero ya que se había empeñado en ayudar... Jin Hyuk se aproximó a Anubis y le sujetó del lomo mientras la chica introducía la gran esponja en el agua y luego la alzaba dejándola caer sobre este, empapándole por completo con un par de refriegas por el pelo del animal. Aquello no estaba mal, pero ella sabía que era la parte fácil.
Lo siguiente fue el jabón, y aquello, ya fuera por el olor o por cualquier otra cosa, no le hacía tanta gracia al cánido. Cuando ella impregnó la esponja no fue tan malo, pero en cuanto la pasó por la piel... el animal intentó salir corriendo. Por suerte, Jin Hyuk estaba allí y le sujetó con fuerza.
Pero Anne estaba nerviosa... El forcejeo con el animal hacía que los cuerpos de ambos se chocaran en más de una ocasión, que las pieles se rozaran... que sintiera el calor de el. Desde cerca podía olerse el aroma del aftershave que había utilizado para afeitarse, que parecía mezclarse con su sudor y era realmente atrayente.
Pero justo en ese momento el animal se sacudió de forma muy parecida a la que hizo antes en el parque, pero además de empaparla a ella de aquella forma... también chapoteó tirando chorros de agua encima de cada uno de ellos.
-¡Anubis! -se quejó ella.
En cuestión de unos segundos ella,que se había llevado la peor parte, estaba empapada de los pies a la cabeza. La ropa de ella que llevaba, blanca en la parte superior,terminó pegándose completamente a su cuerpo... quizás fue por eso que en aquella ocasión fue el hombre quien se quedó mirándola.
Ella,al darse cuenta, agradeció sinceramente llevar ropa interior,pues de otro modo esa transparencia imprevista de la ropa la hubiera dejado completamente desnuda a la vista de el.
-Vaya, al menos no soy yo la única persona que sufre sus “ataques” -contestó el hombre que parecía realmente entretenido con aquello.
La mano de el, grande, ruda... se aproximó al rostro de ella para quitar un poquito de espuma del cabello. Fue apenas un momento, pero entonces él le miro a los ojos y ella también le miró.
-Bueno, es que es un cachorro....ya sabes- susurró mientras los dos se ponían en pie- hay que perdonárselo.
-En ese caso espero que puedas perdonarme a mi también...aunque no sea un cachorro- susurro.
Y entonces ocurrió lo que menos pensaba ella que pudiera pasar en ese momento. Se acercó a ella, fue solo un paso, pero lo suficiente como para que pudiera sostenerla con una mano de la cintura, con otra de la nuca, y juntar los labios de ambos.
Anne no supo como reaccionar. Su cuerpo tembló delicadamente.Y es que, a pesar de que simplemente se habían unido los labios de ambos, sintió como una descarga eléctrica la recorría por completo. ¿Cuánto duró aquello?¿como había podido pasar? No lo sabía,pero tampoco importaba...prefería disfrutar, ya se preocuparía después.
Cuando se separaron nuevamente los ojos de ambos volvieron a encontrarse. Hubiera podido preguntarle que hacía, gritarle o incluso pegarle. Pero...no, no tenía ni las ganas ni le salían las palabras. Lo único que consiguió fue alzar ambas manos hasta las mejillas de el, sujetándolas para alzarse sobre las puntillas (era mucho más baja que el) y volver a besarle con intensidad.
Esta vez fue un beso mucho más profundo, primeramente porque las manos del hombre rodearon su cuerpo pegándola a él, y después porque los labios de ambos se separaron y las lenguas se encontraron en un baile cálido, húmedo, y extremadamente agradable.
El besaba bien, muy bien... tan bien que le hizo olvidar a ella por unos instantes donde estaba y que era tan solo un desconocido y centrarse sólo en aquellos labios dulces y en cómo los músculos de su torso y sus brazos presionaban su cuerpo.
-No deberíamos estar haciendo esto -susurró Jin Hyuk contra sus labios- supuestamente no puedo tener ningún tipo de relación con cualquier persona que esté relacionado con alguno de mis casos.
-Entonces no lo hagas- susurró ella también mordiéndole con cuidado el labio inferior.
-Si pudiera evitarlo,lo haría- contestó el hombre siendo el ahora quien dejaba un pequeño beso en los labios de ella.
-Entonces...no tiene porqué pasar de esto,no tiene que ir a más.
-¿Quieres que no vaya a más?- Le preguntó entonces con mucha seriedad.
Una nueva oportunidad para parar aquello. No era una relación, no podía serlo teniendo en cuenta que ella no quería tener pareja, no quería sufrir más...pero también porque, cuando se solucionara el problema de su padre debía regresar de Corea a su casa...y por último por lo que él había dicho, porque aquello no debía estar sucediendo.
-No...contesto al final- Si,el deseo podía más que ninguna otra cosa, y si no pasaba de allí...tampoco ocurría nada.
Entonces Jin Hyuk se agachó lo suficiente como para pasarle uno de los brazos por detrás de las piernas, alzándola en el aire mientras la sujetaba también por la espalda. La había levantado como si pesara nada.
Anne tragó saliva porque sabía perfectamente lo que significaba eso, más aún cuando el hombre encontró perfectamente el camino hasta su habitación. El camino fue en silencio, sobre todo porque teniendo el cuello de él tan cerca ella no pudo evitar la tentación de aproximar hacia allí los labios y comenzar a morder con cuidado la piel, tirando un poquito de ella.
La dejó caer sobre la cama con cuidado y,en el mismo movimiento, el cuerpo del hombre se inclinó sobre ella. Entonces los músculos de sus brazos, su espalda y su torso volvieron a tensarse, y ella no pudo evitar alzar las manos y posar las palmas de las mismas contra ellos, dejando escapar un sonido, entre gemido y suspiro,de placer.
-¿Estás segura? -Preguntó él una vez más.
Aquella pregunta desde luego tenía trampa. Con los carnosos labios del hombre recorriendo la nívea piel de ella, con la puntita de su húmeda lengua haciendo círculos...era imposible concentrarse en otra cosa que no fuera el placer que podría generar después de eso.
-Estoy segura.
Y aquella sería la última vez que el lo preguntara. Las manos, grandes y rudas y al mismo tiempo delicadas, buscaron hueco bajo la camiseta de tirantes que seguía empapada. Los dedos jugaron como mariposas por su vientre, escalando poquito a poco mientras los labios de ambos volvían a juntarse.
Pero ella no se quedó atrás. Las manos se alzaron también por el torso de él, con buen cuidado de palpar cada una de sus formas, hasta que una le sujetó de la nuca acercándole con fuerza a ella.
El beso, que hasta entonces podría haber sido calificado de cariñoso, se volvió salvaje... y el comportamiento del hombre también. Las manos se aferraron a la tela de aquella parte superior y, tirando apenas, consiguieron rasgarla por la mitad como si de papel se tratara.
Anne tenía un cuerpo pequeño y delicado que parecía a punto de romperse ante aquella fogosidad, pero no le importaba. No le importaba en absoluto. Le gustaba así.

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