domingo, 27 de octubre de 2013

Capítulo 1- Anne: Una visita inesperada (parte 1)

La comida con las chicas desde luego había sido agradable, y tampoco se le había dado del todo mal el rato en la biblioteca, donde había encontrado unos cuantos libros que necesitaba para el artículo que estaba escribiendo en aquel momento. Bastantes libros en realidad, hasta el punto de que, al llegar a la puerta del bloque donde estaba su apartamento, se encontró con dificultades para sacar las llaves. No le quedó más remedio que sujetar los cinco gruesos libros con una sola mano mientras que la otra rebuscaba en el bolso.





-¿La señorita Anne Tsu...? -preguntó una voz de pronto frente a ella.


-Si, soy yo- contestó ella mientras seguía enfrascada en buscar las llaves en el bolso,siquiera sin mirar a la persona que tenía en frente- ¿Cómo me ha encontrado?


Durante unos instantes aquel desconocido no respondiendo observando tan solo como ella buscaba en su bolso.Simplemente no sabía cómo decir aquello. Que su trabajo requiriera de dar malas noticias a la gente no significaba en absoluto que se hubiera acostumbrado a ello, o que supiera hacerlo.


-Estoy aquí por su padre -dijo sin más.


Entonces Anne sí alzó la mirada para fijarla en aquel hombre.¿Su padre?¿Que pasaba con el? Hacía mucho que no sabía de él,pero tampoco era la primera vez en que,por razones de trabajo,pasaban mucho tiempo sin hablar. Sin embargo en aquella ocasión algo le había dicho que no todo estaba bien y, cuando llamó a su madre... ella tampoco tenía muy claro donde estaba el.


Además,la apariencia del hombre, que estaba vestido con un traje azul de rayas, era muy alto y tenía una expresión bastante seria en el rostro, le daba de todo menos confianza. En realidad, lo que la hacía era sentir muy pequeña, poca cosa, insignificante en cierto sentido. Era una sensación muy parecida a estar junto a un león, por mucha pinta adorable que tuviera...sabías que podría destrozarte de un solo mordisco.



 -¿Mi padre?


El hubiera preferido hablar dentro con la mujer, pero viendo que le costaba encontrar las llaves, que parecía nerviosa y que de todos modos nadie pasaba por allí a esas horas, optó por decirselo directamente aunque con la mayor delicadeza que puedo.



-Su padre se vio involucrado hace tres días en un accidente de tráfico en Seul. Su coche fue encontrado, pero el no... El impacto en coche de él no fue tan fuerte como para que esté muerto y tampoco encontramos señales de que ocurriera nada serio. Por desgracia esto ocurrió en una carretera secundaria donde no había cámaras de seguridad, así que no sabemos que ha sido de él... o del segundo vehículo involucrado en el accidente.


Los libros que Anne llevaba se deslizaron rápidamente desde sus brazos hacia el suelo. Su padre...sabía que había ocurrido algo raro pero...¿Seul?¿Qué hacía en Seúl?  ¿Que era eso de que había desaparecido?


Cuando se agachó a recoger los volúmenes, que después de todo no eran de su propiedad, el hombre había hecho lo mismo y durante unos instantes sus manos se rozaron. Ella sintió una pequeña descarga eléctrica que relaciono con el estado de sobreexcitación que tenía aquel día. Primero  los sueños de las tres, después el artículo que le habían pedido en la revista precisamente sobre la Dinastía Joseon, y ya por último que un coreano de carne y hueso se presentara allí diciéndole que su padre había desaparecido en una ciudad al otro lado del mundo donde no sabían siquiera que estaba.


-Yo... No se donde está mi padre, hace mucho que no se de el...no sabia que habia viajado a Corea.


El hombre fijó la mirada en los libros que se habían caído a la chica y, aunque ella no pudo percibirlo, frunció un poco el ceño. ¿No sabía nada sobre Corea y estaba haciendo un estudio sobre el país?¿podía ser tan solo una coincidencia.


-Será mejor que entremos a su casa y le prepare un té para que se tranquilice- dijo sin más.


¿A su casa?¿Encima tenía que dejarle entrar a su casa? No es que ella tuviera nada que esconder pero nunca le había gustado invitar a su "santuario" a personas desconocidas. Sin embargo entendía que era una tema que no se podía tratar en mitad de la calle y,aunque ella hubiera preferido tratarlo en un bar cualquiera, pensaba que al hombre le podía resultar extraño. Así que no le quedó más remedio que tragar, con eso y con que se empeñara en llevarla los libros.


Misteriosamente las escurridizas llaves aparecieron justo cuando ella volvió a meter la mano en el bolso, incluso a pesar de que en ese momento sus manos estaban tan temblorosas que incluso le costó notablemente meterla en la cerradura. Después de eso subieron cuatro pisos andando hasta la buhardilla donde vivía ella, que era bastante grande porque en realidad se había tirado una pared para juntarla con la del piso de al lado. El no se quejó, tampoco dijo nada en su camino hacia el piso superior. Solo cuando entraron al fin a la casa y ella encendió las luces pregunto:


-¿Donde...?


-Puede dejarlos en la primera habitación que se abre a la derecha, la biblioteca.


Aquel hombre se dispuso a entrar en un momento, pero se paró en seco al darse cuenta de que  la mujer se había despojado de los zapatos dejándolos en la entrada y usando unas pantuflas muy parecidas a las que había en su país, de las cuales había otro dos pares para invitados, asi que no le quedó más remedio que descalzarse también y colocarse una de esas. Nuevamente volvía a encontrarse con Corea allí, en la lejana Vancouver.


-¿Puedo preguntarle a qué se dedica? -dijo antes de entrar a la biblioteca.


Pero aquella habitación despejó gran parte de sus dudas. Aquí y allá había objetos históricos, muchos textos en lengua extraña colocados en las paredes, enmarcados en cristal por lo que se podía esperar que eran reales. Además casi todas las paredes estaban cubiertas de librerías repletas de textos, algunos realmente antiguos, y otros nuevos. Un vistazo rápido, con el bien educado ojo de policía, le valió para encontrar uno de los artículos de ella señalado en la portada de una revista que había tirada por allí.


-Soy periodista... me dedico a la investigación en el ámbito de la historia y estoy especializada en lenguas antiguas, aunque también algunas actuales...


-¿Sabe hablar coreano? -preguntó  éll rápidamente.


Anne entró en la habitación y le miró con curiosidad.


-Si....también chino y japonés, incluso algo de vietnamita...


Por la expresión de su rostro se notaba que ella estaba preocupada, pero no era el tipo de persona que perdía los nervios en situaciones como aquella. Quizás porque su familia tampoco era una familia del todo normal y,aunque se llamaran a menudo, no habían vivido juntos o se habían visto a menudo desde que ella empezara sus estudios. Siempre había sido una persona independiente a la que le gustaba cuidar de sí misma.


-Déjeme que la prepare el té.


-Claro...


Después ambos fueron hacia la cocina en silencio y una vez allí, ella se sentó dejándole hacer lo que quisiera...total... no era la cocina la zona de la casa donde más le preocupara que encontrara nada comprometedor.


-¿No le llama la atención quien soy realmente y por qué preguntó por vuestro padre?


-Aunque no se como se llama, se que es policía, al menos tiene toda la pinta de ser policía.


-No soy policía -contestó él sin mostrarse molesto sin embargo- soy fiscal en Seul, un policia no hubiera viajado hasta aquí por un accidente de tráfico.


-¿Un fiscal si? -preguntó ella sorprendida.


-Por la desaparición -aclaró el después de tomarse unos segundos para pensar la respuesta- no por el accidente en sí.


Anne no podía evitar que todo aquello le sonara bastante extraño pero en realidad, en el estado en el que se encontraba en ese momento, no sabía qué pensar sobre nada. Sin embargo el hombre no tardó en sacar su identificación y deslizarla por la mesa hasta dejarla justamente delante de ella. La chica la abrió y le leyó con curiosidad.


-Choi Jin Hyuk- dijo ella al pronunciar el nombre de él en voz alta- es un placer, supongo que no necesita que yo me presente.


-No... aunque no se tanto de usted como cree, solo que es la hija de un reputado marchante de arte y dueño de un museo de arte- contestó el hombre mientras se aproximaba a ella para dejar una de las tazas de té delante de la chica llenándola luego con el cálido y reconfortante líquido.


-Sabe lo más importante- dijo ella que se sentía la persona más normal del mundo,lo cual  venía dado en gran medida porque eran sus padres los que  habían llamado siempre la atención.


-Hablemos sobre su padre entonces- contestó el desabrochándose el botón de la chaqueta y mostrando una camisa blanca perfectamente planchada bajo esta, la cual dejaba adivinar un torso bien esculpido.


-Hablemos -asintió ella antes de darle un sorbo al té.


-Me ha dicho que no sabe del paradero de su padre, tampoco que estaba en Seúl actualmente pero...¿Sabe en que estaba trabajando?.


Anne dejó escapar un largo suspiro hacia esa pregunta.


-Estaba buscando una pieza de jade que perteneció a una reina de la dinastía Joseon, pero no puedo especificar una fecha más concreta.


-¿No le interesaba el trabajo de su padre?¿o es que no se llevaba bien con el?.


Anne esbozó una amarga sonrisa en el rostro. ¿Cómo podía explicarle a aquel desconocido las extrañas relaciones que formaban su familia? Ella siquiera entendía muy bien a su padre.


-El siempre quiso que siguiera su línea de estudio,sobre el arte, y que me ocupara de su museo. Mi madre estaba de acuerdo con el, antes y después de que ellos se separaran, pero siempre me ha interesado más otra parte de la historia, y estar sujeta a un sitio, encerrada por así decirlo...nunca me ha llamado la atención, así que desde que comencé mis estudios me alejé un poco de ellos...y cuando se separaron la relación entre todos se volvió más extraña. Es la razón de que habláramos poco...y por eso no se demasiado sobre su trabajo.


Lo había dicho todo de una vez dejando bastante claro que no le apetecía hablar del tema, que era todo cuanto tenía que decir y que desde luego no tenía nada que ocultar.


-¿No le resulta curioso que usted tenga costumbres coreanas, hable el idioma, estudie el país... y su padre desapareciera en Seúl?.


“Si tu supieras” sé dijo ella para sus adentros pensando en los sueños que habían tenido tanto ella como sus amigas.


-Es mi especialidad desde hace años, lo países orientales, y debo admitir que entre ellos tengo debilidad por Corea...sobre todo por la dinastía Joseon, eso debería tomárselo como un cumplido y no como una amenaza...¿No cree?¿O es que me está acusando de algo? -preguntó ella antes de darle otro sorbo más al té.


Por primera vez vio una sonrisa en el rostro de él, una sonrisa que le quedaba realmente bien, todo había que decirlo. Luego el hombre negó con la cabeza mientras hacía tamborilear los dedos sobre la mesa.


-No creo que sea culpable de nada, pero sí que puede ayudarnos a comprender lo que está pasando.


-En lo que pueda,ayudaré.


-Bien, entonces acompáñeme a Seul y sea parte activa de la investigación... digamos como...asesora histórica si fuese necesario.


Aquello desde luego tomó por sorpresa a la chiquilla.No es que no quisiera ir a Seul, o que le preocupara un trabajo que después de todo podía realizar en cualquier parte del mundo, pero en Vancouver tenía su vida, a sus amigas...que eran lo más parecido a su familia. Lo tenía todo.Sin embargo al mismo tiempo sentía que había una fuerza poderosa que la estaba llamando a aquel país, y no solo a ella.


-Señor Choi...-dijo ella ya más seria, dejando la taza de té reposar sobre la mesa- No soy una persona estúpida... se que aquí pasa más de lo que me ha contado, de no ser así no hubiera realizado un viaje tan grande solo para verme.


El hombre suspiró. En efecto ella no era una mujer estúpida, aunque incluso antes de venir sabía que las preguntas que tenía que hacerla y su viaje hasta allí, desvelaria parte de lo que estaba ocurriendo. De todos modos no le importaba demasiado, en cualquier caso ella parecía una persona sincera y preocupada realmente por su padre.


-Todo lo que sabemos es que su padre podría estar buscando algo que interesa a otra gente.


-¿El qué? -preguntó ella de pronto mientras sentía como una descarga eléctrica le recorría la espalda.


-No lo sabemos -se sinceró el en aquel momento- quizás...si nos ayuda a saber qué es, sea una pista para encontrar a su padre. Las personas que...parecen estar interesadas en él, no son gente de fiar...por así decirlo.


-Ya...-contestó ella cerrando un momento los ojos.


Aquel día estaban ocurriendo demasiadas cosas, tantas que a ella apenas si le daba tiempo suficiente como para razonarlo. Además...¿Su padre relacionándose con gente poco fiable?¿Cuando había ocurrido eso? Era una persona extraña,pero...no mala.


-¿Entonces...?


-No puedo irme a Corea de un día a otro para pensármelo. Déjame hasta mañana al menos...por favor.

-Claro...faltaba más.

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