jueves, 20 de noviembre de 2014

Capitulo 2. Sohra. Una piedra en su camino.

«Este si eres tú», pensé.
Me miraba del mismo modo que junto al estanque aquella noche. Esa media sonrisa con cierta malicia…

-No me lo pondrás fácil, ¿verdad?-susurré mientras mis ojos se clavaban en los suyos. Esto era nuevo, mi piel se electrificaba cada vez que estaba cerca de él. Estaba claro que había cierta atracción, pero por ello, no dejábamos de lado nuestra contienda personal.

-No hay nada fácil. Todo tiene su fin…

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Capítulo 2- Una reunión y muchas novedades

Anne estaba sentada en una de las muchas cafeterías de Gangnam, una de aquellas que tenían una gran cristalera en un lateral por el que podías ver pasar a la gente, lo cual era uno de los mayores entretenimientos de ella desde que había llegado a Seúl. No conocía a nadie allí salvo a sus amigas,con las que había quedado en ese mismo momento, y al fiscal con el que vivía... así que pensaba que observar era un buen método de conocer los modos y costumbres de quienes habitaban aquella gran ciudad.

Aquel día hacía calor, por lo que ella agradecía el café helado que guardaba entre sus manos en un recipiente de plástico. Por ropa llevaba unos pantalones ajustados finos, unos tacones y una camisa fina en la parte superior, blanca y semitrasparente hasta el punto de que dejaba ver la de tirantes debajo de esta.

Giró el teléfono (samsung,como no) que tenía sobre la mesa para mirar la hora. En un par de minutos serían las seis de la tarde, la hora a la que había quedado con sus amigas.

Rhea entró en la cafetería casi en tropel, con esa forma de ser tan suya que a veces parecía que arrollaba allí a dónde iba. Vestida con un sencillo traje de chaqueta y falda, en color oscuro, y camisa blanca. Llevaba el maletín en la mano y las gafas de sol que se quitó en cuanto entró buscando a Anne con la mirada. Al encontrarla una sonrisa apareció en su rostro y se acercó hacia ella.

Ni siquiera dijo nada antes de dejarse caer en la silla de enfrente de su amiga y sonreír mirándola.

—¿Llevas mucho esperando?


Sorah iba casi corriendo por la acera, no solía llegar tarde, pero ese día el tiempo se le echó encima.

-- Aghh ¡Qué tarde es!,-- dijo mirando el móvil. Siguió avanzando por la calle esquivando a todo aquél que caminaba por allí, parecían los 3000 obstáculos. Pero claro, con dificultad añadida, también tenía que agarrarse el vestido para que al correr no se viera nada indebido.

Ya estaba a dos pasos de la cafetería, y comenzó a atusarse para que no fuera tan obvio que venía con la hora pegada al trasero.

Se colocó el vestido, blanco de encaje, con el forro de color melocotón y unos zapatos de tacón de ante, del mismo color que el forro del vestido.

Abrió la puerta de la cafetería y allí estaban, no tenían mucha pérdida, ya que eran las únicas occidentales del establecimiento.

--¡Chicas!, perdonadme, ¿llego muy tarde?.



-No, llegáis a tiempo -contestó la chica sonriendo antes de ponerse en pie para darle un fuerte abrazo a cada una de ellas.

Era increíble...antes pasaban todo el dia juntas y ahora...llevaban demasiado sin verse. Aquello parecía un sueño, de pronto allí estaban las tres, en la otra punta del mundo, guiadas por una fuerza invisible.

-¿Qué queréis tomar? Al parecer se llama a los camareros con esto de aquí -dijo la chica señalando un botón rojo encima de la mesa antes de tomar asiento donde estaba antes.

—Me han tenido hasta hace media hora en una puta reunión. —resopló Rhea, dando un abrazo a cada una de sus amigas. Sonrió al verlas a las tres reunidas. —Yo quiero un te helado, a ver si consigo refrescarme. No me hubiera imaginado la humedad que hay aquí cuando hace calor.

Rhea se quitó la chaqueta dejándola en el respaldo de la silla, para automáticamente sacar el móvil dejándolo encima de la mesa.

--Vaya, parecemos grandes ejecutivas, quién nos lo iba a decir, siempre pensé que Rhea acabaría vendiendo seguros jajajaja, -dije en tono de broma, echaba de menos bromear así con mis amigas, lo cierto es que el humor de aquí es extraño.
-¿Con ese botón?... que eficiente. Creo que yo tomaré un mocca blanco. -Dije mientras me sentaba en la silla y habiendo dado y recibido abrazos de panda. Volvíamos a ser nosotras, en un sitio distinto, en condiciones distintas, pero nosotras al fin y al cabo.

- Bueno, ¿qué os contáis?, dije nerviosa agarrando a las chicas de las manos.

-Pues...¿Por donde queréis que empiece? Porque me ha pasado absolutamente de todo desde que hablamos la última vez por teléfono...y cosas extrañas.... mucho -apretó la mano de su amiga delicadamente y miró a Rhea.

—Por el principio, siempre es lo mejor. —sonrió la mujer mientras se movía ligeramente hacia atrás apoyando la espalda en el respaldo y cruzándose de piernas mientras jugueteaba con el teléfono entre los dedos. Y es que Rhea no podía estar separada de su teléfono por mucho tiempo. —¿Qué cosas extrañas?

-- ¡Eso!, ¿Qué cosas extrañas?, porque yo tengo que contaros más de lo mismo. Desde que llegué aquí me siento perdidisima, parezco salida de una película de Kubrick, donde nada tiene sentido.
Creo que es el agua, -dije intentando sacarle algo de humor a la escena, pero la absoluta realidad. No había nada que no fuera extraño en mi día a día y ya llegaba a plantearme si la comida o la bebida de allí llevaba ingredientes extraños.
Mientras estos pensamientos corrían por mi cabeza, veía que el semblante de Anne se tornaba más serio, quizás era algo grave de verdad.
--Anne, ¿Qué cosas?, no nos dejes con este suspense.

-Pues aunque no lo creáis...-la chica dejó de hablar unos instantes, no sabía bien cómo decir aquello- He soñado que estaba en Corea, antes de que Jin Hyuk viniera a casa... Soñé que estaba en una época pasada de Corea, en Joseon, donde era coreana también, y de una familia noble...y conocía a un chico que después me he encontrado por la calle. Además... bueno,días después el sueño seguía...y en el aparecía Jin Hyuk también...llevo varios días soñando con la misma historia... ¿Es...una tonteria?

Anne miró a una y a otra alternativamente, seguramente pensarían que estaba loca.Claro que podía ser una coincidencia, pero aquellos sueños...le habían removido algo por dentro.

-Además...cuando me encontré con aquel hombre...bueno, nos chocamos... y apareció como una visión..¿Sabeis? De la misma época, la misma historia.

—Seguramente… —Rhea se quedó callada por un momento con gesto pensativo para intentar buscar las palabras adecuadas. Miró a ambas por un momento. Era la más racional de las tres. Siempre lo había sido. Quizá porque era la mayor. —habrá sido el estrés. El cambio de lugar de donde uno vive, el enfrentarse a nuevas experiencias… —alargó la mano para apretar la de Anne por un momento y hacer un gesto similar con Sorah. —lo que ha pasado con tu padre. Es normal que estés nerviosa y que por tu mente busque una realidad distinta cuando uno sueña. ¿No creéis?




--Puede que solo sea estrés, como dice Rhea, pero a mi también me han pasado cosas parecidas.-Dijo torciendo el gesto preparándose para soltar su paranoia. -He tenido unos sueños muy extraños, en los que corría por un bosque oscuro, huyendo de algo. No sé, era tan vívido. No sé cómo explicarlo. Para más inri, el otro día iba por la calle y me pareció verme a mi misma con ropa de otra época. Os juro que cada vez que me acuerdo parece como si de verdad lo hubiera vivido. Debo estar durmiendo fatal, el idiota del hijo de mi jefe me tiene confundidisima además de muy cabreada. -Dije encogiendome de hombros y dándole un sorbo a mi café.




-Anne, Rhea, ¡Decidme que vosotras no os habéis topado con algún idiota!. Parece que los atraigo, tengo que cambiar de perfume. -Dije esbozando una tímida sonrisa.

-¿Algún idiota? No...con idiotas no...-dijo Anne, pero la chica se había sonrojado y terminó bajando la mirada para ocultarla detrás de una cortina de su pelo azabache...¿Tendría que contarles la noche con el fiscal?.

—No sé qué está ocurriendo, pero es mejor pensar que no es más que el cambio de ambiente. Yo también he tenido un sueño bastante raro, pero ha pasado hace bastante ya y no he vuelto a soñar con ello. Fue justo antes de la reunión en Vancouver y que me dieran el proyecto. Todo seguramente producto de los nervios.—Estaba convencida de lo que decía. Rhea miró entonces a Sorah y sonrió divertida. —Alexis ha venido a Corea… ¿no crees que tengo bastante con él? Bueno, con él y con el dueño del hotel del proyecto que ya os comenté. A veces me gustaría estrangularle. —no se le pasó por alto el gesto de Anne y la miró de forma interrogativa. —¿Todo bien Anne?

-¿Qué? ¿Alexis?, ¿Por qué te persigue cual perro faldero?, solo de decir su nombre se me revuelven las tripas. A mi tampoco me ha ido excepcionalmente bien, uno de los primero días, salí a sacar unas fotos y caminando y caminando, llegué a un parque precioso. Total, empecé a sacar fotos a enredar, ya me conocéis. -dije metiendome en situación. -Bueno, pues me acerqué a un estanque y seguí a lo mío, pero de repente empezó a soplar el viento y me puso todo el pelo en la cara, dejé la cámara en el suelo para poder hacerme una coleta y ante mi había un chico. -Me tomé unos segundo para contarles el resto.

-Era guapísimo, no tengo palabras, pero era demasiado. - El aire me había tirado la funda de la cámara al estanque y según me agaché a recogerla, el cabrón me empujó al agua. -La ira iba aflorando en mi cara.

Pero bueno, eso no es lo mejor, lo más divertido es que es el hijo de mi jefe y tengo que trabajar con él. -Aunque lo que había contado era digno de un sketch de SNL, lo que dijo Anne retornó a mi pensamiento y clavé mis ojos en ella.

-Anne, ¿Qué has hecho?, ¿por qué estás tan roja?.

-¿Yo? - preguntó ella como si no supiera a qué se referían ellas realmente, pero al ver sus miradas clavadas sobre ella, suspiró- Pues...¿Recordais a Jin Hyuk? Me ofreció vivir en su casa mientras esté aquí en Seul, porque no será mucho... y bueno...el caso... Es que no se que demonios pasó antes de venir que...nos acostamos.

Ahora estaba completamente roja, hasta las orejas. Se apresuró a beber el café para intentar darle normalidad al asunto... siempre que fuera posible.

Rhea escuchó las historias de sus amigas. Por un momento incluso se permitió ponerse los ojos en blanco mientras escuchaba la historia de Sorah. Si algo así le podía suceder a alguien, estaba claro que le sucedería a su amiga. 

—Eso sí que es mala suerte Sorah. Espero que no te toque mucho las narices, sino le juntamos con Alexis y los torturamos un rato. —sonrió mirando a la chica para después ponerse más seria al escuchar lo que estaba diciendo Anne. Miró a su amiga con un pequeño gesto de sorpresa y después tomó el vaso de su refresco de té para dar un sorbo. —¿Y cómo están las cosas? Y lo más importante de todo… ¿te gustó? Por lo que nos dijiste, no estaba nada mal, al contrario.


-Venga, cuéntanos los detalles, por fin algo divertido. -Dijo mientras le regalaba una mirada cómplice. 

-Estas cosas pasan, el día que tuve la visión en la calle al día siguiente desperté en casa de este tío… Si si, ya lo sé, pero estad tranquilas porque no pasó nada. -Parecíamos destinadas a atraer historias de lo más insólitas a nuestras vidas, un policía, un rubio tocapelotas, y un arquitecto con humos… vamos, digno de ser enmarcado. Mientras seguía divagando, Anne se preparaba para explicarnos lo ocurrido, se nota que le cuesta hablar de estos temas.
-Anne, tranquila, no digas más si no lo deseas.

-Fue... raro. No se...me acompañó a pasear el perro y estaba guapisimo... de traje, camisa blanca que insinuaba sus músculos... el perro le manchó, me acompañó a casa a ayudarme a limpiarlo...y a limpiarse el...y cuando salió del baño sin camiseta -la mujer se pasó la mano por el rostro,aún no se creía que pudiera existir un cuerpo así- es perfecto...en el físico y en la cama... Pero no hemos vuelto a hablar de ello, no debería haber pasado... El es quien lleva el caso de mi padre.

Anne estaba azorada y completamente roja, pero se notaba que había disfrutado y que aquel hombre le gustaba, algo de lo que ni ella misma era consciente.

Rhea miró a sus amigas con tranquilidad, escuchando y analizando la información que le daban. No era a malas, al contrario: la mente de la mujer en ocasiones funcionaba como un ordenador, era algo que hacía en su trabajo y que sin darse cuenta trasladaba al día a día. Apretó brevemente la mano de Anne, porque estaba claro que habían pasado algo por alto que era importante, mucho más que si el tío era bueno o no en la cama: el padre de su mejor amiga.

—Parece que ambas habéis tenido unas semanas bastante ajetreadas. —comentó mientras las miraba y se ponía un poco más seria. —pero hay cosas… más importantes. —miró entonces a Anne seria. —¿Cómo va el caso de tu padre? ¿hay alguna novedad? Aquí no tengo los mismos contactos que pudiera tener en Vancouver, pero sabes que si me necesitas para lo que seas me tienes las 24 horas del día.

Podía sonar a ilusión, considerando que Rhea se dedicaba en cuerpo y en alma a su trabajo, pero antes de nada estaban sus dos amigas. Eran su familia, esa familia que había elegido y no se le habían impuesto por sangre.

-Sí, ¿has sabido algo?, -pregunté con temor. Sospechaba que a Anne no le gustaba mucho hablar de su padre, al fin y al cabo, su relación nunca estuvo muy bien que digamos.

-Puedes contar con nosotras para todo lo que necesites, para eso estamos. -dije esbozando una pequeña sonrisa tímida. 

De repente me sonó el móvil. -Perdonadme, pensé que lo había dejado en silencio. La gente del trabajo es realmente asfixiante.-Miré el teléfono, el mensaje era de Roger, diciendo que me había concertado una cita con un periodista.

-Vaya, ¿para qué querrán que hable yo con la prensa?, -resoplé mirando la pantalla.-Esto de dar tanta publicidad a un proyecto que apenas acaba de empezar, no me gusta, crea mucha tensión.-Sin decir nada más, mis ojos se perdieron en el horizonte por un momento.

Todo esto era muy raro, ¿Cual es la razón por la que he de hablar con un periodista?, yo solo soy una fotógrafa que está ayudando con el diseño del proyecto. ¿No deberían hablar con Tae Sung?. 

Cuando salí de mi ensimismamiento, me sentí como si me hubiese perdido años de la conversación, aunque sólo hubiera sido un segundo. Lo sucedido desde que llegué a este país me había llegado a confundir en un 100%. Estaba como perdida en medio de toda la vorágine que sobrevolaba a nuestro alrededor y me encontraba algo perdida. Daba gracias de poder contar con Rhea y Anne, pese a tener una madre a miles de kilómetros, ellas eran mi verdadera familia y mi único apoyo.

Anne giró la muñeca lo suficiente como para ver el reloj que llevaba en esta: el tiempo había pasado volando.

-Me temo que voy a tener que irme, Jin Hyuk quería que visitáramos hoy la casa donde se quedaba mi padre... espero que no os importante demasiado -y regaló a sus amigas una amplia sonrisa en sus labios que escondía el nerviosismo que sentía en realidad- podemos quedar cualquier otro día y os informo.

Y sin más se puso en pie y dejó suficiente dinero en la mesa para pagar lo que habían consumido todas. No quería hacer esperar al fiscal que se había mostrado realmente ocupado desde que llegaran al país, y tampoco quería tener razón para hablar con el más de la cuenta... seguía sintiéndose incómoda.

Así terminó aquella rara conversación, con las dudas flotando en el ambiente y la sensación para todas de que estaban metidas en algo mucho más grande de lo que pudieran llegar a controlar jamás. 

lunes, 6 de enero de 2014

Capítulo 2- Cruce de destinos

Después de todo lo ocurrido Hae Ahn se sentía realmente agobiada de regreso a casa. Aquel día además no podía escaparse porque, al parecer, tenían una reunión muy importante con el hijo de un magistrado de una de las provincias del Sur, quien había llegado a visitar al Rey. El por qué tenía que estar ella allí no lo sabía, pero tampoco era la primera vez que acudía a una de las reuniones de palacio.


Se miró al espejo cuando la costurera de la casa terminó de ajustarle el hanbok nuevo, que era de colores rosas... lo que faltaba. Lo que peor llevaba sin embargo era el tener que ponerse un velo. Aquello era como ocultarse a sí misma, ocultar su personalidad, ocultar su voz. Todo lo que podía hacer en aquellas situaciones era quedarse sentada, quieta, y sin hablar. No lo entendía...¿Para qué la querían allí?


domingo, 29 de diciembre de 2013

Capítulo 1. Sohra: Doctor, recéteme unas pastillas

Esto no era algo que pasase por casualidad, de eso estaba totalmente segura. La situación se había tornado bastante incómoda, incluso para el equipo que trabajaría con nosotros.
Este equipo constaba de 3 personas, Seon Yoo, una chica muy agradable y divertida, que se mostró raramente amable. No era costumbre para los coreanos el ser amables con un extranjero, sobre todo si eres mujer.
Por lo que Anne me había explicado, eran personas un tanto especiales, de estas que solo te prestan atención si te necesitan para algo que les beneficie.


En fin, era algo que ya sabía de antemano, así que no me pillaba de sorpresa. El segundo era Myung Do. Parecía agradable, pero extremadamente estresado con los números y los plazos.
Después me presentaron a otra chica, esta, con un aspecto muy soberbio y arrogante. Hyo Na, me dijo que se llamaba con un ademán de autosuficiencia tan devastador como la bomba atómica. Muy reservada, pero con una lengua muy afilada, durante la hora que estuvimos recorriendo el edificio y comentando todo lo que nuestro trabajo supondría puso firmes a Myung Do y a Seon Yoo, dejándoles más de una vez sin nada que poder responder, salvo una frase que se repetía en mi cabeza una otra vez en mi cabeza, pero que no podía decirse en voz alta.
«Zorra estirada».


Pero quien de verdad me preocupaba era Tae sung. No era ni la sombra de aquél chico del parque.
Era una situación de lo más surrealista, y no me olía nada bien.


Tras ver los despachos, la sala de juntas y presentarme a varios empleados de la firma, me despedí cordialmente de los otros compañeros y salí lo más ráudamente posible de allí.
Al salir del edificio, me faltaba el aire, no me había gustado la atmósfera del lugar, era muy agobiante. No por el trabajo, si no por la hipocresía que se respiraba por cada hueco del edificio.
Y aún más, sabiendo que tenía que trabajar con él.


Diciéndome a mi misma que debía olvidar cuanto había ocurrido en el día de hoy, decidí caminar hasta que me dolieran los pies.
El día había empezado a torcerse antes de lo normal. El cielo iba oscureciendo rápidamente, como si me leyera el pensamiento. Mientras miraba al frente dando un paso y otro, y otro. Las nubes empezaban a emitir un ruido ensordecedor.


De repente, cuando la primera gota que anunciaba el diluvio me golpeaba en la palma de la mano, una visión electrizante pasó fugazmente por delante de mi.


-¿Pero qué?, dije en voz baja mientras observaba atónita la escena que se desarrollaba delante de mí.


Alguien que se parecía muchísimo a mi, llevaba una larga capa negra que llegaba al suelo. Su pelo largo y mojado se le pegaba al rostro, mientras miraba con temor a la persona que tenía frente a ella.
Apenas podía oírlos, pero me pareció leer en los labios de ella «ayúdame».
La lluvia cada vez era más fuerte, pero yo seguía anonadada en medio de la calle observando a esos seres que parecía que nadie más podía ver.
La gente seguía caminando al lado de la escena, nadie más era consciente de ella.
¿Qué está pasando?, -pensé.


Él hombre de la escena, apartaba cariñosamente el pelo del rostro de la chica, dejando ver un corte en su rostro, el cual parecía tierno, hecho hace pocos minutos. Hablaba con ella, pero no podía oír nada.
De pronto, ambos giraron bruscamente la cabeza en mi dirección, clavando sus miradas llenas de furia sobre mi. O por lo menos, eso parecía.
El ambiente se volvió muy cargado, sentía miedo, confusión, no sabía si lo estaba soñando.
Algo me oprimía el pecho, haciendo que mi corazón latiese a una velocidad desmesurada.
La pareja que me miraba tan fijamente, se cogió de la mano y echaron a correr en dirección contraria, como si alguien les persiguiese.
Sus figuras se difuminaban entre la lluvia y la tenue niebla que se había formado.
No podía salir de mi asombro. Cuando más o menos pude reaccionar a lo que había visto, la niebla iba desapareciendo, dando paso al mundo real. La gente seguía caminando de forma normal, mientras que algunos se quedaban mirándome extrañados.


Estaba calada hasta los huesos, tratando de asimilar lo que había ocurrido.
-Parece que te gustan este tipo de situaciones,-dijo una voz detrás de mi. Me giré lentamente temiendo que iba a encontrarme.


Con una media sonrisa, me observaba detenidamente, pero su gesto se tornó serio al ver la palidez de mi rostro.
-¿Estás bien?
-Emm… yo… no sé.


Con un paso torpe, empecé a caminar sin rumbo aparentemente. Parecía como si un rayo me hubiera alcanzado, estaba totalmente desorientada. Al pasar por su lado, me puso una mano sobre el hombro y volví a sentir una descarga.
Todo empezó a volverse oscuro…


~_~_~


Había vuelto a ese lúgubre bosque, perdida entre la sombra. De fondo se oían unos tambores augurando una noche de caza.
La luz de la luna me abría un sendero para poder escapar de aquellos tambores que al parecer tenían sed de sangre.


Corriendo a toda velocidad, un golpe seco dejó a la joven tendida en el suelo, conmigo a su lado viendo la escena.
Su agresor tenía un aspecto atroz. unos dientes que harían temblar al más fiero de los monstruos.
Él no podía verme, pero yo estaba a unos pocos centímetros de él y de la chica.
-¡AQUÍ!, ¡LA HE ATRAPADO!, -dijo triunfante, mientras yo me ponían en cuclillas para ver quien era la agredida.


~_~_~


Un grito ensordecedor se abría paso por mi garganta mientras las gotas de sudor resbalaban por mi frente.
Respiraba agitadamente mientras con fuerza agarraba las sábanas de la cama.


Al instante, alguien entraba a la estancia.


-¿Qué ocurre?, ¿estás bien?, dijo palpándome la frente, por si tenía fiebre.
pestañeando varias veces, y mirando de un lado a otro, intenté ubicarme y saber donde estaba.
-Ahg…, mascullé llevándome la mano a la sien.
Él se sentó en el borde de la cama, mirándome extrañado. -Estabas...en la calle, parada en medio de toda la gente mientras diluviaba. Me acerqué para comprobar si eras tú, pero cuando te vi, estabas totalmente desfigurada por algo que habías visto, pero frente a tí no había nada.
-¿En serio?, .me hice la tonta. -Es que empecé a encontrarme indispuesta. -dije vagamente. Era una respuesta un tanto frágil, pero me creyó.
-¿Dónde estoy?
-En mi casa, te desmayaste y te traje aquí.
-Gra...gracias.


Puedes ducharte si quieres. La asistenta te ha lavado la ropa y la tienes seca en esa silla.


De pronto el rubor se hizo patente en mis mejillas y rápidamente levanté las sábanas.
-No te he tocado, la asistenta te cambió, yo solo te ayudé a acostarte.
Asentí torpemente, pues la confusión me nublaba todo lo demás. ¿Por qué se parecía tanto a mi?, ¿Cómo he acabado en la casa de Yang Tae Sung?.
-Duerme, mañana verás las cosas de otra manera.


¿Pero que narices ha pasado?, Sí Sohra, has perdido totalmente el juicio. Ahora ya no basta con soñar con gente rara, si no que ahora alucinas con ellos mientras estás despierta. Lo que te faltaba. ah sí, sigue hablando sola, que lo estás mejorando.


Pronto el sueño se apoderó de mí y caí en los brazos de morfeo fácilmente.


A la mañana siguiente, me levanté y me tomé la libertad de ducharme. Estaba clarísimo que necesitaría ayuda profesional después un día tan raro como el de ayer. Salí despacio de la habitación y buscaba cómo salir de allí. Nunca me había sentido tan avergonzada. No solo había tenido un ataque de locura transitoria, sino que encima el que parecía mi peor enemigo ha sacado su lado solitario y me ha ayudado. oh no, eso era malo. Seguro que en algún momento lo utilizaría contra mi.


Al fin encontré unas escaleras, que digo yo, bajaría a la planta principal de la vivienda.


-Vaya, ya te has despertado-dijo en tono burlón.
-Sí, eh… yo, quería disculparme por ocasionarte tantos problemas. No sé como voy a poder pagarlo.
Mientras se ajustaba la corbata, se acercaba lentamente.



-Algo se me ocurrirá. -susurró frente a mi.

domingo, 22 de diciembre de 2013

Capítulo 1 - Rhea: Un viaje accidentado

Los días que siguieron al anuncio de que sería la encargada, en persona, de llevar el proyecto en Seúl fueron una locura. Las reuniones se sucedían una detrás de otra y apenas tuvo tiempo de hacer su visita mensual a su madre. De todas las personas a las que se tuvo que enfrentar, aquella seguramente fue la peor. La madre de Rhea podía ser excesivamente sobreprotectora y no veía nada bueno en que su pequeña se fuera a Corea. Aquello había llevado a una de las discusiones que madre e hija solían tener prácticamente cada vez que se encontraban.

Estaba claro que se llevaban muchísimo mejor cuando estaban cada una en su casa. Sin tener más contacto que las llamadas por teléfono semanales o algún que otro mensaje o mail. En cierta manera, la conversación con ella había hecho que Rhea olvidara cualquier tipo de rechazo de marcharse dejando a su madre atrás. A fin de cuentas era su vida y tampoco era como si fuera allí para el resto de sus días. Seguramente serían por unos pocos meses. Un año como mucho. Después volvería a Vancouver con un sitio mejor posicionado y con mayores ventajas monetarias.

Si es que todo iba bien, por supuesto.

domingo, 15 de diciembre de 2013

Capítulo 1: Anne,una visita inesperada (parte 4) [+18]

Para aquel entonces las manos de ella ya buscaban con ansia el cuerpo del hombre, o más bien su ropa, para despojarle de ella lo más rápido posible. Las manos descendieron hasta sus pantalones, hasta su cinturón, comenzando a aflojar ambos lo suficiente como para que una mano juguetona se colara bajo ellas buscando la dureza que comenzaba a forjarse allí.


Y el tampoco se quedó atrás. Los dedos, de tacto áspero pero agradable, acariciaron su piel, hicieron círculos sobre ella y fueron ascendiendo muy lentamente hacia la prenda de ropa intima que cubría dos pechos sugerentes que se alzaban y descendían rápido a causa de la agitada respiración de la mujer.



domingo, 8 de diciembre de 2013

Capítulo 1: Anne, una visita inesperada (parte 3)

-Pasa -Dijo ella abriendo la puerta del piso y sujetando la correa de Anubis con suficiente fuerza como para que no saltara sobre los muebles poniéndolo todo perdido de barro.

El hombre miró a su alrededor como para comprobar que era la misma casa donde habían estado no demasiado antes. En realidad el perro les había destrozado el paseo y para colmo había destrozado una de sus mejores camisas, pero no importaba, era la primera cosa no planeada que había ocurrido en su vida desde hacía mucho tiempo.