Anne estaba sentada en una de las muchas cafeterías de Gangnam, una de aquellas que tenían una gran cristalera en un lateral por el que podías ver pasar a la gente, lo cual era uno de los mayores entretenimientos de ella desde que había llegado a Seúl. No conocía a nadie allí salvo a sus amigas,con las que había quedado en ese mismo momento, y al fiscal con el que vivía... así que pensaba que observar era un buen método de conocer los modos y costumbres de quienes habitaban aquella gran ciudad.
Aquel día hacía calor, por lo que ella agradecía el café helado que guardaba entre sus manos en un recipiente de plástico. Por ropa llevaba unos pantalones ajustados finos, unos tacones y una camisa fina en la parte superior, blanca y semitrasparente hasta el punto de que dejaba ver la de tirantes debajo de esta.
Giró el teléfono (samsung,como no) que tenía sobre la mesa para mirar la hora. En un par de minutos serían las seis de la tarde, la hora a la que había quedado con sus amigas.
Rhea entró en la cafetería casi en tropel, con esa forma de ser tan suya que a veces parecía que arrollaba allí a dónde iba. Vestida con un sencillo traje de chaqueta y falda, en color oscuro, y camisa blanca. Llevaba el maletín en la mano y las gafas de sol que se quitó en cuanto entró buscando a Anne con la mirada. Al encontrarla una sonrisa apareció en su rostro y se acercó hacia ella.
Ni siquiera dijo nada antes de dejarse caer en la silla de enfrente de su amiga y sonreír mirándola.
—¿Llevas mucho esperando?
Sorah iba casi corriendo por la acera, no solía llegar tarde, pero ese día el tiempo se le echó encima.
-- Aghh ¡Qué tarde es!,-- dijo mirando el móvil. Siguió avanzando por la calle esquivando a todo aquél que caminaba por allí, parecían los 3000 obstáculos. Pero claro, con dificultad añadida, también tenía que agarrarse el vestido para que al correr no se viera nada indebido.
Ya estaba a dos pasos de la cafetería, y comenzó a atusarse para que no fuera tan obvio que venía con la hora pegada al trasero.
Se colocó el vestido, blanco de encaje, con el forro de color melocotón y unos zapatos de tacón de ante, del mismo color que el forro del vestido.
Abrió la puerta de la cafetería y allí estaban, no tenían mucha pérdida, ya que eran las únicas occidentales del establecimiento.
--¡Chicas!, perdonadme, ¿llego muy tarde?.
-No, llegáis a tiempo -contestó la chica sonriendo antes de ponerse en pie para darle un fuerte abrazo a cada una de ellas.
Era increíble...antes pasaban todo el dia juntas y ahora...llevaban demasiado sin verse. Aquello parecía un sueño, de pronto allí estaban las tres, en la otra punta del mundo, guiadas por una fuerza invisible.
-¿Qué queréis tomar? Al parecer se llama a los camareros con esto de aquí -dijo la chica señalando un botón rojo encima de la mesa antes de tomar asiento donde estaba antes.
—Me han tenido hasta hace media hora en una puta reunión. —resopló Rhea, dando un abrazo a cada una de sus amigas. Sonrió al verlas a las tres reunidas. —Yo quiero un te helado, a ver si consigo refrescarme. No me hubiera imaginado la humedad que hay aquí cuando hace calor.
Rhea se quitó la chaqueta dejándola en el respaldo de la silla, para automáticamente sacar el móvil dejándolo encima de la mesa.
--Vaya, parecemos grandes ejecutivas, quién nos lo iba a decir, siempre pensé que Rhea acabaría vendiendo seguros jajajaja, -dije en tono de broma, echaba de menos bromear así con mis amigas, lo cierto es que el humor de aquí es extraño.
-¿Con ese botón?... que eficiente. Creo que yo tomaré un mocca blanco. -Dije mientras me sentaba en la silla y habiendo dado y recibido abrazos de panda. Volvíamos a ser nosotras, en un sitio distinto, en condiciones distintas, pero nosotras al fin y al cabo.
- Bueno, ¿qué os contáis?, dije nerviosa agarrando a las chicas de las manos.
-Pues...¿Por donde queréis que empiece? Porque me ha pasado absolutamente de todo desde que hablamos la última vez por teléfono...y cosas extrañas.... mucho -apretó la mano de su amiga delicadamente y miró a Rhea.
—Por el principio, siempre es lo mejor. —sonrió la mujer mientras se movía ligeramente hacia atrás apoyando la espalda en el respaldo y cruzándose de piernas mientras jugueteaba con el teléfono entre los dedos. Y es que Rhea no podía estar separada de su teléfono por mucho tiempo. —¿Qué cosas extrañas?
-- ¡Eso!, ¿Qué cosas extrañas?, porque yo tengo que contaros más de lo mismo. Desde que llegué aquí me siento perdidisima, parezco salida de una película de Kubrick, donde nada tiene sentido.
Creo que es el agua, -dije intentando sacarle algo de humor a la escena, pero la absoluta realidad. No había nada que no fuera extraño en mi día a día y ya llegaba a plantearme si la comida o la bebida de allí llevaba ingredientes extraños.
Mientras estos pensamientos corrían por mi cabeza, veía que el semblante de Anne se tornaba más serio, quizás era algo grave de verdad.
--Anne, ¿Qué cosas?, no nos dejes con este suspense.
-Pues aunque no lo creáis...-la chica dejó de hablar unos instantes, no sabía bien cómo decir aquello- He soñado que estaba en Corea, antes de que Jin Hyuk viniera a casa... Soñé que estaba en una época pasada de Corea, en Joseon, donde era coreana también, y de una familia noble...y conocía a un chico que después me he encontrado por la calle. Además... bueno,días después el sueño seguía...y en el aparecía Jin Hyuk también...llevo varios días soñando con la misma historia... ¿Es...una tonteria?
Anne miró a una y a otra alternativamente, seguramente pensarían que estaba loca.Claro que podía ser una coincidencia, pero aquellos sueños...le habían removido algo por dentro.
-Además...cuando me encontré con aquel hombre...bueno, nos chocamos... y apareció como una visión..¿Sabeis? De la misma época, la misma historia.
—Seguramente… —Rhea se quedó callada por un momento con gesto pensativo para intentar buscar las palabras adecuadas. Miró a ambas por un momento. Era la más racional de las tres. Siempre lo había sido. Quizá porque era la mayor. —habrá sido el estrés. El cambio de lugar de donde uno vive, el enfrentarse a nuevas experiencias… —alargó la mano para apretar la de Anne por un momento y hacer un gesto similar con Sorah. —lo que ha pasado con tu padre. Es normal que estés nerviosa y que por tu mente busque una realidad distinta cuando uno sueña. ¿No creéis?

--Puede que solo sea estrés, como dice Rhea, pero a mi también me han pasado cosas parecidas.-Dijo torciendo el gesto preparándose para soltar su paranoia. -He tenido unos sueños muy extraños, en los que corría por un bosque oscuro, huyendo de algo. No sé, era tan vívido. No sé cómo explicarlo. Para más inri, el otro día iba por la calle y me pareció verme a mi misma con ropa de otra época. Os juro que cada vez que me acuerdo parece como si de verdad lo hubiera vivido. Debo estar durmiendo fatal, el idiota del hijo de mi jefe me tiene confundidisima además de muy cabreada. -Dije encogiendome de hombros y dándole un sorbo a mi café.
-Anne, Rhea, ¡Decidme que vosotras no os habéis topado con algún idiota!. Parece que los atraigo, tengo que cambiar de perfume. -Dije esbozando una tímida sonrisa.
-¿Algún idiota? No...con idiotas no...-dijo Anne, pero la chica se había sonrojado y terminó bajando la mirada para ocultarla detrás de una cortina de su pelo azabache...¿Tendría que contarles la noche con el fiscal?.
—No sé qué está ocurriendo, pero es mejor pensar que no es más que el cambio de ambiente. Yo también he tenido un sueño bastante raro, pero ha pasado hace bastante ya y no he vuelto a soñar con ello. Fue justo antes de la reunión en Vancouver y que me dieran el proyecto. Todo seguramente producto de los nervios.—Estaba convencida de lo que decía. Rhea miró entonces a Sorah y sonrió divertida. —Alexis ha venido a Corea… ¿no crees que tengo bastante con él? Bueno, con él y con el dueño del hotel del proyecto que ya os comenté. A veces me gustaría estrangularle. —no se le pasó por alto el gesto de Anne y la miró de forma interrogativa. —¿Todo bien Anne?
-¿Qué? ¿Alexis?, ¿Por qué te persigue cual perro faldero?, solo de decir su nombre se me revuelven las tripas. A mi tampoco me ha ido excepcionalmente bien, uno de los primero días, salí a sacar unas fotos y caminando y caminando, llegué a un parque precioso. Total, empecé a sacar fotos a enredar, ya me conocéis. -dije metiendome en situación. -Bueno, pues me acerqué a un estanque y seguí a lo mío, pero de repente empezó a soplar el viento y me puso todo el pelo en la cara, dejé la cámara en el suelo para poder hacerme una coleta y ante mi había un chico. -Me tomé unos segundo para contarles el resto.
-Era guapísimo, no tengo palabras, pero era demasiado. - El aire me había tirado la funda de la cámara al estanque y según me agaché a recogerla, el cabrón me empujó al agua. -La ira iba aflorando en mi cara.
Pero bueno, eso no es lo mejor, lo más divertido es que es el hijo de mi jefe y tengo que trabajar con él. -Aunque lo que había contado era digno de un sketch de SNL, lo que dijo Anne retornó a mi pensamiento y clavé mis ojos en ella.
-Anne, ¿Qué has hecho?, ¿por qué estás tan roja?.
-¿Yo? - preguntó ella como si no supiera a qué se referían ellas realmente, pero al ver sus miradas clavadas sobre ella, suspiró- Pues...¿Recordais a Jin Hyuk? Me ofreció vivir en su casa mientras esté aquí en Seul, porque no será mucho... y bueno...el caso... Es que no se que demonios pasó antes de venir que...nos acostamos.
Ahora estaba completamente roja, hasta las orejas. Se apresuró a beber el café para intentar darle normalidad al asunto... siempre que fuera posible.
Rhea escuchó las historias de sus amigas. Por un momento incluso se permitió ponerse los ojos en blanco mientras escuchaba la historia de Sorah. Si algo así le podía suceder a alguien, estaba claro que le sucedería a su amiga.
—Eso sí que es mala suerte Sorah. Espero que no te toque mucho las narices, sino le juntamos con Alexis y los torturamos un rato. —sonrió mirando a la chica para después ponerse más seria al escuchar lo que estaba diciendo Anne. Miró a su amiga con un pequeño gesto de sorpresa y después tomó el vaso de su refresco de té para dar un sorbo. —¿Y cómo están las cosas? Y lo más importante de todo… ¿te gustó? Por lo que nos dijiste, no estaba nada mal, al contrario.
-Venga, cuéntanos los detalles, por fin algo divertido. -Dijo mientras le regalaba una mirada cómplice.
-Estas cosas pasan, el día que tuve la visión en la calle al día siguiente desperté en casa de este tío… Si si, ya lo sé, pero estad tranquilas porque no pasó nada. -Parecíamos destinadas a atraer historias de lo más insólitas a nuestras vidas, un policía, un rubio tocapelotas, y un arquitecto con humos… vamos, digno de ser enmarcado. Mientras seguía divagando, Anne se preparaba para explicarnos lo ocurrido, se nota que le cuesta hablar de estos temas.
-Anne, tranquila, no digas más si no lo deseas.
-Fue... raro. No se...me acompañó a pasear el perro y estaba guapisimo... de traje, camisa blanca que insinuaba sus músculos... el perro le manchó, me acompañó a casa a ayudarme a limpiarlo...y a limpiarse el...y cuando salió del baño sin camiseta -la mujer se pasó la mano por el rostro,aún no se creía que pudiera existir un cuerpo así- es perfecto...en el físico y en la cama... Pero no hemos vuelto a hablar de ello, no debería haber pasado... El es quien lleva el caso de mi padre.
Anne estaba azorada y completamente roja, pero se notaba que había disfrutado y que aquel hombre le gustaba, algo de lo que ni ella misma era consciente.
Rhea miró a sus amigas con tranquilidad, escuchando y analizando la información que le daban. No era a malas, al contrario: la mente de la mujer en ocasiones funcionaba como un ordenador, era algo que hacía en su trabajo y que sin darse cuenta trasladaba al día a día. Apretó brevemente la mano de Anne, porque estaba claro que habían pasado algo por alto que era importante, mucho más que si el tío era bueno o no en la cama: el padre de su mejor amiga.
—Parece que ambas habéis tenido unas semanas bastante ajetreadas. —comentó mientras las miraba y se ponía un poco más seria. —pero hay cosas… más importantes. —miró entonces a Anne seria. —¿Cómo va el caso de tu padre? ¿hay alguna novedad? Aquí no tengo los mismos contactos que pudiera tener en Vancouver, pero sabes que si me necesitas para lo que seas me tienes las 24 horas del día.
Podía sonar a ilusión, considerando que Rhea se dedicaba en cuerpo y en alma a su trabajo, pero antes de nada estaban sus dos amigas. Eran su familia, esa familia que había elegido y no se le habían impuesto por sangre.
-Sí, ¿has sabido algo?, -pregunté con temor. Sospechaba que a Anne no le gustaba mucho hablar de su padre, al fin y al cabo, su relación nunca estuvo muy bien que digamos.
-Puedes contar con nosotras para todo lo que necesites, para eso estamos. -dije esbozando una pequeña sonrisa tímida.
De repente me sonó el móvil. -Perdonadme, pensé que lo había dejado en silencio. La gente del trabajo es realmente asfixiante.-Miré el teléfono, el mensaje era de Roger, diciendo que me había concertado una cita con un periodista.
-Vaya, ¿para qué querrán que hable yo con la prensa?, -resoplé mirando la pantalla.-Esto de dar tanta publicidad a un proyecto que apenas acaba de empezar, no me gusta, crea mucha tensión.-Sin decir nada más, mis ojos se perdieron en el horizonte por un momento.
Todo esto era muy raro, ¿Cual es la razón por la que he de hablar con un periodista?, yo solo soy una fotógrafa que está ayudando con el diseño del proyecto. ¿No deberían hablar con Tae Sung?.
Cuando salí de mi ensimismamiento, me sentí como si me hubiese perdido años de la conversación, aunque sólo hubiera sido un segundo. Lo sucedido desde que llegué a este país me había llegado a confundir en un 100%. Estaba como perdida en medio de toda la vorágine que sobrevolaba a nuestro alrededor y me encontraba algo perdida. Daba gracias de poder contar con Rhea y Anne, pese a tener una madre a miles de kilómetros, ellas eran mi verdadera familia y mi único apoyo.
Anne giró la muñeca lo suficiente como para ver el reloj que llevaba en esta: el tiempo había pasado volando.
-Me temo que voy a tener que irme, Jin Hyuk quería que visitáramos hoy la casa donde se quedaba mi padre... espero que no os importante demasiado -y regaló a sus amigas una amplia sonrisa en sus labios que escondía el nerviosismo que sentía en realidad- podemos quedar cualquier otro día y os informo.
Y sin más se puso en pie y dejó suficiente dinero en la mesa para pagar lo que habían consumido todas. No quería hacer esperar al fiscal que se había mostrado realmente ocupado desde que llegaran al país, y tampoco quería tener razón para hablar con el más de la cuenta... seguía sintiéndose incómoda.
Así terminó aquella rara conversación, con las dudas flotando en el ambiente y la sensación para todas de que estaban metidas en algo mucho más grande de lo que pudieran llegar a controlar jamás.