jueves, 20 de noviembre de 2014

Capitulo 2. Sohra. Una piedra en su camino.

«Este si eres tú», pensé.
Me miraba del mismo modo que junto al estanque aquella noche. Esa media sonrisa con cierta malicia…

-No me lo pondrás fácil, ¿verdad?-susurré mientras mis ojos se clavaban en los suyos. Esto era nuevo, mi piel se electrificaba cada vez que estaba cerca de él. Estaba claro que había cierta atracción, pero por ello, no dejábamos de lado nuestra contienda personal.

-No hay nada fácil. Todo tiene su fin…




-Si es así, ¿yo soy el medio o el fin?. No me interesa que te hagas el galán conmigo si es solo para utilizarme. En todo caso, ten cuidado. -dije con todo el valor que la situación me permitió reunir. Era cierto que soy bastante fría y dura con los hombres, siempre me lo han dicho, incluso que peco de soberbia. Pero él, él me hacía sentir incómoda y un tanto indefensa.

De pronto, vi como sus labios se aproximaban a los míos, sin borrar esa media sonrisa que no sabía si me desesperaba o me atraía aún más.
Antes de que pudieran siquiera rozarse, puse mi dedo índice sobre su boca y sonreí de la misma manera en que él lo hizo harán dos segundos.

-Esto tienes que ganártelo. -Me separé de él, le agradecí sus hospitalidad y me marché.

Vaya, esto sí que es un giro de 360º.

Cuando llegué a casa sentía que todo me daba vueltas. Esta situación era de lo más extraña. Mientras me desvestía y me ponía algo más cómodo, divisé algo sobre la mesa de mi escritorio.

-Mmm, ¿qué es esto?-dije tomando el libro que había sobre todas las fotos. -¿De dónde ha salido?. -Lo observé detenidamente, intentando recordar de donde podría haberlo sacado. Abrí el libro y comencé a leer, «Una bella diosa se perdió en el bosque, hasta llegar a un lugar donde abundaba el fango. Intrigada por la magia del lugar, decidió cruzarlo, hundiéndose en él. Ella no sabía que ese lugar había sido creado por los dioses, destinado a atrapar a los seres cuyo sino fuese fracasar en la vida. Lo que los dioses desconocían, era que la diosa nunca se daría por vencida y luchó durante miles de años para escapar de allí, resurgiendo del fango convertida en la representación de vida más poderosa que existe, la flor de loto».

Mirando el dibujo de la flor absorta, pensé que podría visitar el palacio real para sacar unas fotos y captar alguna idea para el proyecto.

Dejé el libro sobre la mesa de noche, y me acosté. rápidamente, el sueño se apoderó de mi cuerpo.

A la mañana siguiente, todavía bostezando, salí de casa para cumplir el programa que me impuse la noche anterior. Sin duda alguna, ese pequeño fragmento de historia que había leído me perseguía, haciendo que pensara en él durante todo el camino.

El día se había vuelto un poco más frío de la cuenta, pero apenas hacía viento, lo cual lo hacía mucho más soportable.

El palacio, normalmente abarrotado de turistas y excursiones de estudiantes, hoy se encontraba bastante vacío, lo cual, me permitiría hacer una visita más extensa y sacar más fotografías. Aunque era un lugar que había visitado varias veces, cada momento frente a él era completamente diferente. Es una maravilla a la que no me canso de observar.

Me sentía del tamaño de una hormiga sola en la explanada de piedra que conducía a la puerta principal. Un enorme edificio de doble altura, en la que hasta el más pequeño detalle merecía una profunda atención. Las columnas eran de rojo arcilloso, mientras que puertas y ventanas eran de tonos entre el verde cazador y el veronés. La parte más alta de las columnas, así como las ménsulas de madera, allí llamadas Dougong estaban decoradas con dibujos variados dependiendo de las zonas y de colores muy vívidos. En estas en concreto, predominaba el verde con dibujos en tonos azulados, cremas y rojos.

Caminando por los alrededores del palacio, atravesé un puente de madera, el cual estaba alineado por grandes columnas rojas en el que en la parte superior, se repetían los mismos dibujos y colores que en la entrada. Me paré allí para sacar una foto a tan maravillosa imagen. El viento empezó a soplar con algo de rudeza, mientras ajustaba los parámetros de la cámara. Al posar mi mirada sobre la pantalla de la cámara, mis ojos casi se salen de sus órbitas. -¿Pero qué…?, -Dije intentando articular algún tipo de sonido, que nunca llegó a salir. No podía ser. Abrí los ojos aún más para confirmar lo que estaba ocurriendo. Delante de mí, un hombre caminaba en mi misma dirección, vestido con ropas que no eran de esta época, solo pude ver su espalda, mientras despegaba la mirada de la cámara y veía que en realidad, no había nadie allí, sólo yo.

Al volver a fijar la vista en la cámara, esta volvió a mostrarme una imagen totalmente distinta, en la que el mismo personaje sostenía a una mujer que parecía estar inconsciente.
Apagué la cámara al instante y di marcha atrás para salir de aquella estancia.

La luz del mediodía inundaba todo el palacio y parecía devolver la calma a mi cuerpo. Sin darme cuenta, había caminado hasta otro gran puente de madera que pasaba sobre un enorme estanque en el que las flores de loto flotaban llenas de vida y color ajenas a todo lo demás. Intentaba pensar en lo que había ocurrido, pero no podía a penas caminar. apoyada en la barandilla que unía a las columnas, noté como me fallaban las piernas y la cabeza me daba vueltas.

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Los rayos de sol hicieron que abriera los ojos. -¿Qué me pasa?, ¿estaré resfriándome?, -me pregunté mientras me ponía de pie y me pasaba la mano por la frente. De pronto, me detuve en seco. -¿Qué es esto? -Dije mirando un pequeño pañuelo que sostenía en mi otra mano. -Esto no es mío…

Era un pañuelo blanco con una flor bordada en dorado. Estaba claro que eso no era mío. Intentando encontrar a alguien quien pudiera haber extraviado el pañuelo, me detuve al mirar hacia el estanque. Este rodeaba una pequeña isla en el centro, unida al resto de la tierra por el puente en el que me encontraba. Pero había algo no muy habitual. Pese a que las flores de loto flotaban con su natural armonía, el agua era de color rojo.

Al percatarme de este detalle, se levantó un fuerte viento, que me llevó todo el pelo a la cara y no podía ver nada. El tiempo estaba loco y yo tenía miedo, ¿qué estaba ocurriendo allí?, aunque lo que más temía era si todo esto era real o era mi mente volviéndose loca. Al apartarme el pelo de la cara, no pude sostener el pañuelo que cayó al estanque, tiñendo el blanco puro de su tela.

Saliendo del puente, me acerqué a la orilla de la isla para poder recogerlo. Al tocar el agua con la yema de mis dedos, un calambre recorrió todo mi cuerpo. Había alguien detrás de mí, con la mirada clavada en la escena que estaba ocurriendo ante sus ojos. Me apresuré a recoger el pañuelo.

Lentamente, me incorporé. Antes de poder hacer algo más, la persona tras de mí comenzó a hablar.

-No puedes estar aquí, si alguien te ve, creerán de verdad que eres un ser de otro mundo.
¿Qué había querido decir con eso?, ¿me hablaba a mi?, despacio, me di la vuelta para ver a la persona, o lo que quiera que fuese.

De pronto todo se había vuelto oscuro, en cuestión de segundos parecía haber caído la noche más espesa y oscura. Una fila de farolillos iluminaban un pequeño sendero que iba desde la isla hasta la pequeña pagoda que se encontraba en el centro de esta. El calor que irradiaban hizo que mis mejillas se encendieran suavemente. No era capaz de ver su rostro por completo al encontrarse a una distancia prudente de mi. Su silueta era la de un hombre alto y fuerte. Llevaba un sombrero con tres grandes plumas que caían sobre él, además de una cola de pelo que colgaba junto a ellas.



-¡Contéstame!, dijo con un tono serio, pero sin alzar la voz. -Me sentí intimidada por la figura del hombre y no sabía que hacer o decir. Estaba tan asustada. Decidí no moverme ni decir nada, solo podía estrujar el pañuelo mojado en señal de nerviosismo.
Él, dio dos pasos hacia delante, colocándose a un palmo de mi. Había agachado la cabeza, sentía como observaba mis manos, que temblaban sin parar.

-No tengas miedo, no dejaré que nadie te haga daño, por eso estás aquí. -Dijo sosteniendo mis manos y tomando el pañuelo, todavía empapado. -Debes guardar esto con cuidado. Te vi cogiéndolo del agua.

Mi instinto me condujo a mirarle a la cara, pero casi sin pensarlo, me detuve en su boca, la cual mostraba un atisbo de una dulce sonrisa. -Lo...lo siento, el viento lo arrancó de mi mano y no me dio tiempo a sostenerlo.-Fue lo único que atiné a decir.



-Es algo muy importante para mi, el rey me lo dió como regalo y no podía dárselo a alguien que no fueras tú. -De pronto me sostuvo entre sus brazos, abrigándome con el calor de su cuerpo, acariciando mi pelo.

Algo se apoderó de mi en ese momento, porque le devolví el abrazo con la misma intensidad y como un impulso, algo salió de mi boca en voz baja, -Sálvame por favor.

De pronto, todo empezó a volverse borroso, cerré los ojos y me aferré a mi misterioso caballero. Todo a nuestro alrededor estaba desvaneciéndose, mientras el eco de una voz pronunciaba a gritos palabras que no entendía.

-¡Señorita!, ¡Señorita!, -dijo mientras me daba palmadas en la cara. Vagamente mis párpados empezaron a levantarse. -Señorita, ¿se encuentra bien?.

-Eh... si, creo que si. -Debido a la luz del sol, no era capaz de ver nada. Cuando me incorporé, me pasé las manos por los ojos y conseguí ver a quien me estaba ayudando. -Oh, lo siento mucho, no sé que me ha pasado, me mareé y no recuerdo nada más.

-Tienes mucha suerte, justo pasaba detrás de tí cuando caíste. Te acompañaré al hospital.

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-Tuviste mucha suerte al no golpearte la cabeza con nada al caer. Las pruebas no muestran nada extraño, pero la analítica muestra un nivel muy bajo de glucosa, lo cual es probable que hiciera que la tensión te bajase de golpe y te desmayases. Podrás irte a casa en cuanto se acabe el suero.

-Muchas gracias, doctor, -dije mientras buscaba el teléfono para llamar a las chicas. -Ah, muchas gracias… esto…

-Shin Seung Hyuk, encantado.



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