Tras mirar el móvil, me restregué los ojos y me levanté de la cama.
Sin razón alguna, el cuerpo me ardía como si tuviera fiebre, pero al tocarme la frente esta estaba fría como el hielo.
Alargué el brazo para coger el reloj y al ver la hora pegué un respingo y salí corriendo al baño.
-Mierda, mierda, doble mierda- farfullaba mientras me lavaba la cara y me intentaba vestir a la vez.
Deprisa y corriendo salí de casa, creo que olvidándome de la mitad de las cosas que debía llevar.
La moda no estaba mal, pero era un poco aburrida en mi opinión, lo mío era más bien captar paisajes, pero bueno, es trabajo, y de algo que me gusta, asi que no hay más que hablar.
Al llegar a la oficina, mi mesa estaba llena de carpetas con los lugares a los que debía ir con los modelos, el día no acabaría nunca.
Tras hacer como un mínimo de 2000 fotos el objetivo de la cámara echaba humo.
-Sohra, ¿vienes a comer con nosotros?,-me preguntó Francis, mi compañero de fatiga. Fuera donde fuera que nos mandasen, ahí íbamos los dos con todo el equipo dispuestos a meternos en la trinchera.
-No puedo Fran, tengo que terminar de retocar estas fotos para enviarlas a maquetación -dije apesadumbrada, ya que mi estómago había comenzado a devorarse a sí mismo.
-Bueno, te traeré algo. ¡Intenta no borrar nada esta vez!, -dijo sonriendo de oreja a oreja.
La verdad es que estaba segura de que me recordaría toda la vida el haber borrado todas las fotos de la temporada de verano por accidente. Aunque la culpa no había sido del todo mía, también del señor starbucks por dar unos vasos de cartón con la fabulosa habilidad de precipitarse al vacío.
Tras horas y horas de infinitos retoques, ropa mega hortera y rostros de modelos enfermizas, agarré mi cámara y salí de la oficina.
Hacía una noche preciosa noche y la vaga luz de las farolas lo hacía especialmente bello, digno de ser recogido con la cámara. Desenfundé mi arma mortífera y comencé a sacar fotos como una loca.
Mientras estaba absorta pensando en cuántos ángulos más me pondría para abarcar mayor espacio, mi móvil empezó a sonar.
-¿Iobuseyo?, contesté rauda.
-¿Como?, ¿hola?, ¿Este es el número de Sohra?.
-¿Francis?, ah, perdona, estoy tan metida en mis clases de coreano que a veces se me escapan palabras sin darme cuenta. Dime, ¿que pasa?
-¡Mueve el culo y ven rápido a la cafetería que está frente a tu casa!, dijo con la voz un tanto azorada.
-Vale, vale, tranquilo, estoy ahí en 15 minutos.
¡Vaya por dios!, ahora que estaba en mi momento all bran de creatividad, tengo que salir pitando. ¿que le pasará a Francis?. Más vale que no sea una de sus rabietas de «¿Por qué a mi?, ¡si soy chachi!».
Rápidamente me puse el casco de la moto y me di a la fuga.
Francis por el contrario, parecía estar de los nervios, como si le hubiese tocado la lotería.
Nada más entrar en la cafetería, Francis se dirigió a mi como un rayo y me agarró del brazo arrastrándome a la mesa en la que él estaba.
-Francis, ¿qué pasa?-pregunté preocupada.
-Sohra, no te pediré matrimonio después de esto, pero si que me pagues la boda.-dijo con una sonrisa de oreja a oreja, pero yo no entendía nada de lo que me decía, ¿por qué iba yo a pagarle la boda?, no, mejor aún, ¿desde cuando tenia novia/novio o mascota?.
-¿Sohra?...¡despierta!, ¿ya estás otra vez en la luna?, -dijo molesto. Era cierto, me despistaba con una facilidad asombrosa, pero también era verdad que si en un período de 30 minutos no me contaban nada interesante mis ondas alfa se autodestruían como los mensajes del inspector Gadget.
-Perdona Francis, dime, ¿qué es lo que pasa?
-Verás, no me andaré con rodeos, .-Ufff… que mentiroso, pensé.- ¿te acuerdas de mi amigo Roger?, el editor de esa revista de arquitectura?.
-Si, bueno… emmm, no, lo siento no me acuerdo.
-¡Haztelo mirar eh!, ¡que se te olvida todo!. Bueno, resulta que me comentó, que quieren inaugurar una nueva sección sobre arquitectura oriental y están contratando fotógrafos. Como sé que te gusta demasiado, le he dicho que yo tenía una amiga fotógrafa, y le envié aquellas fotos que sacaste cuando fuiste de vacaciones a Nueva Delhi.
De repente mi corriente sanguínea pareció coagularse. El pulso se me aceleró y pensé en la remota idea…
-¿Otra vez?, ¡SOHRA!, vuelve a la realidad. A Roger le han gustado muchísimo tus fotografías y quiere contratarte para ser su corresponsal en Asia. Tengo entendido que tiene a varios fotógrafos repartidos por el continente, pero que hay una zona en especial que no tiene cubierta, y ahora, con...toda...la...fama...que...está…adquiriendo...últimamente…-empezó a decir lentamente para matarme sin duda.
-¡Francis!, ¡venga termina que me vas a matar!
-Pues eso, que si aceptas, te manda a Seúl el mes que viene,-dijo medio gritando histérico.
Al principio no podía procesarlo, no distinguía de si era realidad o lo estaba soñando, como tantas otras veces.
-¡Pellizcame!, debo estar soñando. ¿Cómo me pongo en contacto con él?-dije llena de emoción.
-Toma, en esta tarjeta viene su número privado, llámale mañana a primera hora y dile que eres mi amiga.
-¿Así de fácil?, en serio, ¿es una broma?
-Que desconfiada eres. Claro que no es broma, le gustaron mucho tus fotos y sé que estás deseando dejar de hacer fotos de chicas famélicas con ropa que solo le valdría a la mitad de una barbie.
-Muchísimas gracias Francis, no, no sé que decir.
Sin seguir hablando le di un abrazo tan fuerte que creo que me pareció oir un chasquido.
-Sohra… no puedo respirar…
-Ah, perdón, es por la emoción.
-Venga, ve a descansar y mañana me cuentas que te ha dicho Roger, ¿vale?.
-¡Claro!, ¡desde luego!.
Tan pronto como llegué a casa, agarré el teléfono cual tigre hambriento sobre una gacela.
-Ahhhhhhh, venga, ¡¡cógeme el teléfono Rhea!!
Cuando estuvo al otro lado del auricular empecé a gritar
-¡RHEAAAAAAAAAAAAAAAA!, mañana tengo una entrevista, ¡una entrevista para trabajar desde Corea!.
Tras unas dos horas y media de histeria a Rhea le quedó claro que sería más que probable que en un mes estaría trabajando en Seúl.
Ahora quedaba Anne, jejejeje…
[...]
Tras exactamente el mismo tiempo que con Rhea, a Anne también le había quedado claro que era inminente mi partida hacia el país asiático. Pero no quedó ahí la cosa, Anne sabía de mi lado desastre y caótico. Yo soy una persona bastante puntual, pero las circunstancias son las que me hacen llegar tarde a todas partes. Generalmente las llaves siempre jugaban conmigo al «a que no me pillas». Y me repitió hasta la saciedad que procurase mantenerlas junto a mi o por lo menos a la vista el más tiempo posible.Pobre Anne, sufría por mi, pero era cierto, aunque estuviese pendiente de ellas, acabaría perdiéndolas por la casa.
Durante toda esa semana recibí todo el material que necesitaba para poder empezar a trabajar en las oficinas de Seúl. El proyecto era bastante interesante, el objetivo era patrocinar una firma de arquitectos e intentar fusionar mediante composiciones fotográficas el pasado con los edificios futuristas de la firma. Aunque por los dossieres que me habían mandado, estos edificios tan de la era espacial, tenían cierto toque ancestral. Me gustaba, era darle un toque antiguo al futuro.
Me preguntaba de quién serían estos bocetos tan espectaculares.
Las chicas me ayudaban mucho, ojala pudieran acompañarme, sería la felicidad completa. Mientras Rhea me ayudaba a buscar un buen apartamento, Anne me daba consejos sobre como vivir en Seúl y no morir en el intento, acompañados de unas clases de refuerzo de coreano.
No podría tener mejor profesora, ya que Anne era experta en la materia, al igual que Rhea era experta dando discursos de cómo no ser estafada.
-jajajaja, me reí solo parándome a pensar en todo lo que se me venía encima, intentando descifrar si eran, nervios o alegría.
Tras haber estado toda mi vida en Vancouver, era la hora de partir y buscar mi futuro en un país extraño.
Sentía pena por Rhea… No quería dejarla sola, ya que ella era mi familia y yo la suya, pero estaba segura de que nos reuniríamos las tres más pronto de lo que pensábamos.
Durante esta última semana, el mismo sueño se había aposentado en mi cerebro, no sabía que significaba, pero bueno, no pensaba que fuera algo a lo que prestar demasiada atención.
Había llegado el gran día, Rhea y Francis habían venido a despedirme al aeropuerto. Los dos estaban más nerviosos que yo, creo que por mi lado alocado e impulsivo, que me hacía a veces tropezar con piedras del tamaño de la torre eiffel.
-¡Qué sueño!...-dije estirándome.
-Sohra… eres una vaga, hoy el día más importante de tu vida, solo piensas en dormir.
-Lo siento Francis, agoté las reservas de alegría esta última semana, debido a ella no he pegado ojo.
-Bueno, recuerda llamarme mucho, y no bebas, que nos conocemos.
-Cualquiera que te oiga pensará que soy una alcohólica. -dije frunciendo el ceño.
-Sabes que lo decimos por tu bien, hemos cuidado siempre de ti y se nos hace raro que te vayas.-dijo Rhea esbozando una tímida sonrisa.
Tras una charla, megafonía anunció la puerta de embarque por la que debía ir, los chicos me dieron un abrazo de oso y me desearon mucha suerte.
Asentí con la cabeza y emprendí la marcha hacia el control de seguridad.
Pobre Francis, se iba a aburrir mucho en la oficina sin mi, jajaja. Era verdad que siempre habían cuidado de mi, y sentía un pequeño pinchazo en el corazón con mi partida inminente. Me iban a hacer mucha falta.
Rhea me despedía dando saltitos, me giré para decirles adiós por última vez. Cuando miré a Francis, no se porqué, pero me dio el extraño presentimiento de que no volvería a verlo.
Después de unas cuantas horas en avión, aterricé en el aeropuerto de Incheon sin saber que dia era ni que hora. Parecía un pulpo en un garaje. Por lo menos no desconocía el idioma. No era experta, pero llevaba ya 5 años estudiándolo, algo tendría que saber decir.
Vale, asignatura metro, aprobada con nota. Asignatura autobús… mejor no hablemos, definitivamente el metro se había inventado por algo.
La revista para la que me habían contratado, Mad&Art, estaba en el centro de Seúl y gracias al sueldo que me iban a dar, podía pagarme un buen apartamento, y gracias a Rhea lo pude encontrar cerca de la oficina. El caso es que no lo hay más vaga que yo, y prefiero tener el trabajo cerca.
Faltaba una semana para comenzar a trabajar, así que había decidido recorrerme toda la ciudad y descubrir los rincones más escondidos.
Tras dejar las maletas en mi nueva casa, me acerqué con sigilo hacia el gran ventanal que iluminaba por completo toda la estancia. Podía verse hasta el último edificio de la ciudad, era tan peculiar, tan especial.
Decidí darme una ducha para paliar el cansancio del viaje y después saldría a comer algo por ahí.
Hacia una espléndida tarde-noche, así que me fui con mi cámara al hombro para enmarcar todo lo que viera.
Saqué fotos de la ciudad, de los edificios, de gente sentada en los parques, todo me parecía curioso y quería tener imágenes de este nuevo mundo que se abría ante mis ojos.
Al final de mi recorrido sin meta alguna, acabe en un parque enorme, no tenía ni idea de donde me encontraba, pero era un lugar precioso, hipnótico diría yo.
Estaba atardeciendo, pero seguía tomando fotos de todo lo que veía. Seguí andando hasta encontrar un estanque enorme con nenúfares flotando.
-Wow, ¡que preciosidad!,-susurré mientras enfocaba con el objetivo.
Tras sacar unas 2904895795746 fotos del estanque y los edificios antiguos que lo rodeaban, me senté en el borde de este para cambiar la batería a la cámara.
De pronto, una extraña sensación me recorrió por la espalda que hizo que me estremeciera.
Me levanté rápidamente del suelo. Sin previo aviso, un fuerte viento se levantó alborotándome el pelo.
-Vaya, lo que faltaba, aghhhhh ¡no veo nada!.
mientras intentaba ver algo entre la melena del rey león, dejé la cámara en el suelo junto a mis pies para buscar un coletero en el bolso.
Mientras yo intentaba hacerme con toda aquella madeja a lo que solía llamar pelo, noté como una presencia se acercaba a mi, me dí rápidamente la vuelta y agarré la cámara del suelo, pero, pero había alguien parado justo delante de mi
-No deberías dejar cosas tan caras en el suelo.
-Ah, ya, intentaba recogerme el pelo.-dije esbozando media sonrisa. Al decir verdad, me había quedado medio atontada, el tío no era guapo, era lo siguiente. Tenía el pelo negro azabache, ojos afilados y unos labios que incitaban al pecado.
-Eh… no es por nada, pero la funda de tu cámara está flotando en el agua,-dijo divertido
-¿COMO?, mierda, mierda, mierda,-dije medio tirándome del pelo, me acerqué a ver si desde la orilla podía alcanzar la bolsa.
-Ya casi...llego…
El chico se acerco lentamente a mi y se acuclilló,-Espera, te echaré una mano.
No había terminado de decir gracias cuando noté que sus manos me empujaban y caía de cabeza al estanque.
-Ahora si que llegas,-dijo partiéndose de risa mientras yo intentaba quitarme el verdín de la cara.
-¡Eres un gilipollas!
-Si, pero por suerte para tí, la cámara no se ha caído al agua.
-Si la tiras te juro que te mato, dije ya con los ojos encendidos de la ira.
-Tranquila, por hoy me he divertido bastante.
Tras decir eso, se levantó sin dejar de sonreír y empezó a caminar.
-Ah no, tu no te vas a ir de rositas.-dije acercándome todo lo más rápido posible a la orilla para poder salir.
Ya con mi cámara en la mano, salí detrás de él y me paré justo en frente.
-¡que rápida!, ¿quieres darme las gracias por el chapuzón tan refrescante?, sé que tenías muchas ganas, así que solo te ayudé.
-Si, por favor acércate y podré agradecértelo como es debido. A él resultó extraño pero se inclinó un poco hacia mi, lo justo para soltar mi mano con toda la fuerza de que disponía en ese momento y partirle su linda cara.
Con los cinco dedos marcados en su mejilla, me di la vuelta y sonando como una esponja, salí rápidamente de allí.
Caminando por la calle, todo el mundo se me quedaba mirando, y era normal, apestaba a pececito. Era genial ver como me apuntaban con el dedo como si hubiese salido de una alcantarilla, bueno, en realidad no era muy distinto de ello. Según salía del metro, un grupo de chicas se reían a carcajada limpia de mi aspecto, pero ¿que más daba ya?.
-Oh, estupendo, lo que faltaba para terminar un rato estupendo.-dije mientras me limpiaba el pie en el borde de la acera, había pisado una mierda del tamaño de un barreño.
Era acojonante, ¿que más podía pasarme?, era la mejor bienvenida que me habían dado en toda mi vida. Por lo menos espero que no me caiga un piano en un pie como a Homer Simpson.
No veía el momento de llegar a casa y poder quitarme todo. Solo deseaba ducharme, y acostarme para que el día acabase.
-Pues si que empiezo bien, si lo vuelvo a ver lo mato.-relataba una y otra vez rechinando los dientes. Hasta en la ducha no hacía más que maldecirle, deseando haber podido darle mas fuerte de lo que lo hice.

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