domingo, 17 de noviembre de 2013

Capítulo 1: Anne, una visita inesperada (parte 2)

Aquella mañana Anne estaba mucho más cansada que de costumbre. No había podido dormir absolutamente nada pensando en lo que le había ocurrido a su padre y en las consecuencias que eso había tenido para su vida.

Además, después de todo aquello había que tener en cuenta todo lo que le había ocurrido con las chicas, y la conversación por teléfono que había tenido con Rhea, que había sido aún más surrealista.

El resultado de todo aquello era que no había conseguido dormirse hasta altas horas de la noche y que se le había pasado completamente el que había quedado con el fiscal esa misma mañana, en su casa, para hablar de la decisión que ella había tomado con respecto a mudarse,o no.





Cuando sonó el timbre de la puerta, la hizo saltar en la cama. Se apartó el antifaz que solia usar para dormir (cuando debía hacerlo por la mañana y el sol la molestaba a los ojos) y miró a su alrededor. Por la luz que entraba por las ventanas estaba casi segura de que eran sobre las 11 de la mañana. Justo en ese momento su cabeza hizo “click” y comprendió.

Rápidamente se puso en pie colocándose los pantalones del pijama, unos sencillos de color verde,largos, y una camisa blanca de tirantes sobre estos. Se amarró el cabello con una goma del pelo que llevaba siempre en la muñeca mientras corría hacia la puerta y, descalza, la abrió.

Delante de ella estaba precisamente Jin Hyuk, que se había vestido ese día con un pantalón de traje negro y una camisa blanca en la parte superior, sin corbata y con los tres primeros botones desabrochados. La miró de arriba abajo sorprendido y después posó la mirada en su reloj como para comprobar si es que llegaba demasiado pronto.

-No...es culpa mia...no he dormido bien y acabo de despertarme justo ahora-contestó ella haciéndose a un lado- pasa.

Anne estaba ligeramente diferente ese día a como él la había conocido. No era una mujer que se maquillara mucho, pero siempre le gustaba usar BBCream (aunque desde luego no tenía mala cara) y sobre todo perfilarse los ojos en negro, agregándole un poco de sombra en algunas ocasiones. En ese momento sin embargo estaba completamente desmaquillada, al natural, e incluso con la marca de la almohada en la cara. Todo esto la hacía parecer una mujer incluso adorable, no la persona fría que él había conocido la noche anterior.

-Podía haber esperado a que se vistiese- contestó él intentando que no se notase que estaba un poco incómodo con la situación.

Después de todo en Corea no era normal que una mujer a la que no conocías absolutamente de nada se paseara delante tuyo en pijama, sobre todo teniendo en cuenta que los pijamas occidentales eran más...ligeros de tela que los de su país.

-No, no te preocupes...si no pasa nada...¿Quieres desayunar algo? -Ella, ajena de todo, caminó hasta la cocina,aún descalza, y comenzó a prepararse lo único que le entraba en el cuerpo a aquellas horas: café.

-No...estoy de servicio- contestó el que simplemente se quedó en pie con las manos a la espalda.

-Aha...

Anne le miró de reojo con curiosidad. JinHyuk parecía una de esas personas serias que siempre cumplían con su deber, para las cuales era simplemente impensable transgredir las normas... y era lógico siendo fiscal, pero la chica tenía la impresión de que había sido así a lo largo de toda su vida.

-Has dicho que te ayudare en tu trabajo...para encontrar a mi padre...¿No?

-Si viene- contestó el usando el mismo tono formal.

-Iré- aseguró ella quitándole rápidamente esa duda de la cabeza- pero...¿Crees que es lógico que si vamos a pasar un tiempo juntos intentemos tratarnos lo más cómodamente posible? No digo que te obligue a ser mi amigo... solo que...si me tratas de usted me siento vieja.

Aunque ella no lo vio el chico terminó esbozando una ligerísima sonrisa en la comisura izquierda de sus labios mientras la observaba ir de un lado a otro preparando todo.

-Un poco de café no estaría mal- contestó al fin en un tono más relajado ya.

Si Anne hubiera sido de esa forma hubiera considerado aquello como una victoria, pero desde luego no era el caso, así que se limitó a coger otra copa y servirle en ella el café que había preparado.

Por un momento se hizo un completo silencio en el que, a pesar de que ninguno de los dos parecía saber qué decir, no estaban incómodos. JinHyuk se limitó a paladear el café que ella había preparado, que no estaba mal del todo. Era normal, un escritor siempre debía tener un buen café a un lado para hacer un buen trabajo.

-¿Cuando deberíamos ir a Corea?-preguntó ella.

El hombre dejó la taza  a un lado y frunció los labios para limpiar de ellos la poca leche que quedara en ellos. Como siempre se tomó unos instantes para pensar la respuesta antes de dársela.

-Cuanto antes, yo había pensado volver pasado mañana, si quieres acompañarme...

¿Pasado mañana? Sin duda era demasiado rápido pero...¿Qué podía hacer? Entendía que la situación debía solucionarse lo más pronto para cerrar el caso con la mayor celeridad posible y, además, vete a saber lo que le estaba ocurriendo a su padre en aquel momento.

-Pero...hay cosas que tendré que arreglar en el trabajo, tendré que buscar un hotel y tendré que hablar con la gente del trabajo.Estás contentos de que pueda escribir desde la perspectiva de allí pero...no se si comprenderán que deba irme tan pronto.

-En cuanto al hotel- dijo el hombre antes de que ella continuara  y viendo que había tomado carrerilla en su discurso- sería más conveniente que te quedaras conmigo mientras no sepamos que ha sido de tu padre. Es una persona desaparecida y te repito que estaba relacionado con gente muy peligrosa.

A ella se le atragantó el café en aquel momento y por poco, por muy poco, no se lo escupió a la cara. ¿Con el? Se suponia que los hombres coreanos no metían a una mujer a su casa a la primera de cambio, menos a una mujer extranjera y...demonios, eso era saltarse las normas, no las leyes, sino las normas establecidas en la sociedad.

-Pero...¿Y Anubis?

Anubis era el perro de ella, que había estado descansando tranquilamente en un rincón de la cocina, sobre su cama,con un ojo abierto para examinar lo que estaba pasando. Era un perro muy tranquilo, casi como ella.

-A mi me gustan los perros- contestó como si aquello cerrara toda posible discusión.

“Al menos es buena gente” pensó ella para sí. Toda su vida había creído que las personas a las que le gustaban los animales no podían ser malas.

Anne dejó la taza en la mesa, posó las manos sobre esta y le miró fijamente.

-Si me quedo contigo será tan solo por unos días...

-Lo que dure la investigación -Especificó el dejando de nuevo claro con el tono de voz que no pensaba admitir otra cosa.

Anne asintió sabiendo que,dijera lo que dijera el, ella se marcharía cuando quisiera. Después de todo no la habían dado órdenes nunca,menos un hombre...ni siquiera se lo había permitido a su padre en el pasado. Y sin embargo el era uno de esos hombres que no parecían aceptar un “no” por respuesta.
-¿Un poco más de leche? -preguntó ella sabiendo que era una forma rápida de cambiar de tema.

El se dio cuenta, pero no dijo nada para responderla, había dejado claras sus intenciones para los próximos días. Así que simplemente aceptó con una inclinación de cabeza posando una de las grandes manos en una de las piernas flexionadas.

-Entonces es la primera vez que viajas a Corea- aseguró con aquella voz grave por la que parecía que aquello fuera cuestión de vida o muerte- ¿No tienes miedo?

-¿Miedo? -Preguntó ella sorprendida sin entender la pregunta, pero entonces recordó que las mujeres coreanas, a veces...muchas veces, parecían tan frágiles como desvalidas- ¿Como voy a tener miedo si voy con un hombre tan fuerte como tu que encima es fiscal?.

Jin Hyuk carraspeó un par de veces dándole la seguridad a Anne de que había dicho lo justo como para “incomodar” al hombre, a quien por cierto se le habían puesto rojas las orejas. A la chica le encantaba aquella sensación de tener “poder” sobre los hombres.

-Es un país muy bonito y también Seoul es muy bonita -dejó escapar el, que fue esta vez quien introdujo un cambio de tema.

-¿Conoces Vancouver?-preguntó ella de pronto.

Aquello pilló al hombre por sorpresa nuevamente, quien la miró con curiosidad.

-No.. es la primera vez que vengo.

-Te lo enseñare entonces- dijo la chica mientras se terminaba la leche de un trago y se ponía en pie- iré a cambiarme de ropa, esperame por aquí...puedes quedarte con Anubis, a ver si os haceis amigos.

Y dejándole con la palabra en la boca se fué a su habitación pensando en que ponerse en aquel caluroso día de primavera. Ella odiaba el calor (todo el calor que podía hacer en Vancouver al menos) pero también sabía que no era del todo de buena educación salir con poca ropa delante de uno de ellos, por lo que pudieran pensar,y ya bastante de eso había hecho con su pijama.
                                                   *         *        *         *

Stanley Park era uno de los parques más grandes de Vancouver, pero también uno de los más conocidos. En aquella época del año, con el calor, se agradecía realmente la sombra de los árboles y la brisa fresca que corría cerca del lago enorme que había dentro del mismo.

Sin embargo en aquella ciudad nunca hacía demasiado calor, solo lo justo para que salir a pasear fuera una de las mejores opciones, así que eso era lo que había optado por hace Anne con Jin Hyuk.

El hombre se había quitado la chaqueta y lucía ahora la camisa blanca perfectamente limpia y planchada, la cual se ceñía en cierta medida a los músculos de su torso. En realidad, parecía completamente fuera de esa escena, con el traje de raya ejecutiva, los zapatos brillantes y el semblante serio al que la mujer ya se había acostumbrado.



Ella estaba completamente diferente. Había optado por ponerse un vestido largo hasta los tobillos, blanco, unas sandalias y un chaleco azul en la parte superior. Estaba fresca, con un aire un tanto “hippie” que sin embargo le gustaba mucho.

-En Seul también tenemos muchos parques muy bonitos, aunque creo que te gustará más el parque de Namsan, es como una montaña que se levanta en mitad de la ciudad, donde también hay una torre muy alta que es una de las cosas más conocidas de la ciudad.

Anne no quiso decirle que ya sabía todo aquello, ahora que el hombre estaba empezando a “abrirse” no era precisamente el momento de pararle, así que solo asintió.

-Asi que te gusta la naturaleza, nunca lo hubiera dicho -dejó escapar finalmente.

El hombre la miró de medio lado y con curiosidad. Estaba poco acostumbrado a tratar con gente de esta parte del mundo, esa gente a la que no le importaba decir las cosas de manera tan directa. O quizás fuera ella la que era así, sin ocultar nada de lo que pensaba. Al menos sabía que no pretendía ser hiriente.

-¿Por qué dices eso?- preguntó con un clarísimo tono de sorpresa.

-Porque cuando pienso en ti solo puedo imaginarte en comisaría, en los juzgados, en tu coche haciendo una ronda... Quizás sea porque no te conozco demasiado, seguramente sea por eso... pero eres muy serio. Es por eso que tampoco te imaginaría, por ejemplo, de fiesta o bebiendo.

El hombre no supo que contestar. Se paró en seco cuando Anne se agacho para sujetar la pelota con la que Anubis había estado jugando en aquel momento, y luego, cuando ella se alzó y se la tendió, la tomó como si le dieran una bomba. La pelota en realidad estaba completamente cubierta de babas.

-¿Eso crees? - preguntó al mismo tiempo que tomaba impulso con el cuerpo,y especialmente con el brazo, para lanzar la pelota al animal lo más lejos posible- quizás te confundas, o quizás es que tu eres demasiado...

-¿Juerguista?¿Despreocupada? ¿Irresponsable? -le ayudó ella con una sonrisa al ver que el hombre encontraba dificultades en encontrar la palabra adecuada.

-No, no quise decir nada de eso -dijo el mirándola ahora ligeramente enfadado- Aunque bueno, quizás si lo primero... y un  poco de lo segundo.

En esa ocasión Anne no pudo evitar que una carcajada se escapara de sus labios. Tenía razón, en aquella ocasión simplemente la había pillado de pleno.

-No te preocupes. Yo vengo de Italia, y ya se sabe que en el Mediterráneo tenemos la sangre caliente.

Aquello de nuevo sorprendió al hombre simplemente porque no supo como tomárselo. Sin embargo tampoco contó con demasiado tiempo para pensárselo antes de que Anubis volviera con la pelota en la boca. El problema era que el hombre la había arrojado tan furte que la había tirado directamente al lago donde, al parecer, el animal se había lanzado directamente para recuperarla.

Anubis, que estaba acostumbrado al carácter vivaracho de Anne, no dudó en sacudirse con fuerza el pelaje frente a ambos. ¿La consecuencia?: La impoluta camisa blanca del hombre quedó llena de agua, pero también del barro del que el animal se había impregnado saliendo del agua.

-¡Anubis!- Le riñó ella al darse cuenta de lo que estaba ocurriendo.

Pero nada, demasiado tarde... Jin Hyuk se había quedado completamente callado porque, desde luego,eso no entraba en sus planes.

-Será mejor que volvamos a mi casa y limpiemos eso o la camisa se te echará a perder- dejó escapar la chica al darse cuenta de que se le había fastidiado el paseo.

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